Cuando China declaró la guerra a los gorriones: la campaña de Mao que mató a millones de personas

Artículo basado en el libro: "Diez aves que cambiaron el mundo: La historia de la humanidad a través de las aves" de Stephen Moss.

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A pesar de que la humanidad ha prosperado enormemente a base de dominar y explotar la naturaleza, son múltiples las batallas que ha perdido contra ella. Y es que, como muy bien atestigua la pandemia del COVID-19, tratar de alterar el orden natural de los ecosistemas puede acarrear consecuencias catastróficas para los seres humanos. En este artículo analizaremos un caso mucho más devastador que la zoonosis de un coronavirus, veremos como la alteración artificial de un ecosistema, por muy buenas que sean sus intenciones, puede tener como consecuencia la muerte de decenas de millones de personas. Esta es la cruzada que el presidente de la República Popular de China, Mao Zedong, emprendió contra unos inofensivos habitantes de muchas de nuestras ciudades, los gorriones.

La cruzada política y social de mayor alcance de la historia fue “El Gran Salto Adelante”, presentada al pueblo chino por el comité del Partido Comunista de China (PCCh) en el año 1958. Se trataba de una campaña económica y social impulsada por Mao Zedong en China entre 1958 y 1962, con el objetivo de transformar rápidamente el país en una potencia industrial y agrícola. Dentro de este proyecto aparecía el plan de erradicación de las conocidas como “Cuatro Plagas”: las ratas, portadoras de la peste bubónica; los mosquitos, que propagan diversas enfermedades como la malaria; las moscas, siempre ubicuas y exasperantes, y por último, lo gorriones, que se alimentaban de valiosas semillas de distintos tipos de grano, amenazando las cosechas anuales. De estas 4 plagas, los gorriones se convirtieron en el objetivo principal, y pronto se instituyó lo que se conocería como “Gran Campaña del Gorrión”. Los científicos del gobierno habían calculado que un solo gorrión podía consumir 4,5 kilogramos de grano por año; por lo tanto, por cada millón de gorriones muertos se podría alimentar a 60.000 personas. Aunque los cálculos fueron correctos, los resultados fueron totalmente opuestos. Como resultado de la campaña, se persiguió y dio muerte a cientos de millones de gorriones, se destruyeron sus nidos y se destrozaron a golpes sus huevos y polluelos. Se esperaba que todo el mundo participara en la matanza, desde niños hasta ancianos. Coloridos carteles adornaban las ciudades y pueblos con lemas como “¡Exterminar las cuatro plagas!” y dibujos de una espada ensartando a las 4 víctimas animales ,o de niños sonrientes disparando con tirachinas a indefensos pajarillos. El propio Mao proclamó: “Todos, incluidos los niños de 5 años, deben movilizarse para erradicar las 4 plagas”. Para fomentar la masacre, se organizaron competiciones que recompensaban y elogiaban a quienes traían un mayor número de cadáveres. Incluso un joven de 16 años de la provincia de Yunnan se convirtió en héroe nacional cuando se supo que él solo había matado a 20.000 gorriones. Lo hizo localizando los árboles donde anidaban, y subiéndose a ellos al anochecer para romperles el cuello con sus propias manos.

Famoso cartel de las cuatro plagas derrotadas (Fuente: National Geographic)

Los detalles de la campaña de las “Cuatro Plagas” se hicieron eco en todo el mundo. The New York Times, tirando de ironía, se refirió a los gorriones como “ese contrarrevolucionario emplumado que constituye nada menos que una amenaza para el plan quinquenal”. Según la revista Time, en un solo día de matanza en la capital china participaron 3 millones de ciudadanos: “A las 5 de la mañana sonaron las cornetas, chocaron los platillos y vibraron los silbatos. Las masas de estudiantes golpeaban sus utensilios de cocina y avanzaban, según relataba Radio Pekín, cantando un enardecedor himno revolucionario: “¡Alzaos, alzaos, oh millones con un solo corazón! ¡Marchad desafiando los disparos del enemigo!”. La organización fue un éxito a todas las escalas, las amas de casa preparaban espantapájaros con cascabeles y los colocaban en sitios estratégicos, los estudiantes perseguían a los gorriones con palos para evitar que se posaran a descansar, otros jóvenes se dedicaban a formar escuadrones dedicados a golpear objetos domésticos y gritar a pleno pulmón con el mismo objetivo de evitar el descanso. “Nuestros científicos han descubierto que, tras dos horas de vuelo, un gorrión se agota y cae al suelo, donde se le puede atrapar con facilidad” era el mensaje que sonaba desde varios altavoces móviles por todo China.

Como es lógico suponer, los gorriones no fueron las únicas aves de pequeño tamaño que murieron en esta campaña. La mayoría de campesinos no podían distinguir al gorrión de otras aves de similar tamaño. Tras las matanzas, apenas se veían pájaros en Pekín. “Los vencejos tardaron muchos años en volver. Yo solía levantar la vista hacia la Puerta de la Paz Celestial y el Templo del Cielo, y me preguntaba qué faltaba en aquel cielo maravillosamente azul; y luego lo recordaba, faltaban los vencejos” comentó una testigo presencial de los hechos. Por las calles de Pekín y otras grandes ciudades, un sinfín de furgonetas cargadas con los cadáveres de decenas de miles de gorriones y otras aves desfilaban con insignias pintadas que proclamaban: “¡Combatid al gorrión a muerte! ¡Librad el combate con valentía! ¡Eliminado la plaga de gorriones!” Y eso fue lo que sucedió: se calcula que solo en Pekín más de 800.000 gorriones fueron masacrados en un plazo de 2 días. Aunque algunas embajadas se negaran rotundamente a que las turbas de chinos entrarán en sus instalaciones, protegiendo así a varias bandadas de pájaros, las embajadas pronto se rodeaban de la población local que hacía sonar tambores de forma ininterrumpida durante días y noches enteras. Después de aquello, el personal de las embajadas tenía que emplear palas para recoger a los cientos de gorriones que morían en el recinto.

Carro con cadáveres de gorriones en China (Fuente: BBC News)

A primera vista, la campaña fue un éxito rotundo. Se estima que murieron unos 1.000 millones de ejemplares de gorrión molinero. De hecho, tras la matanza, la especie llegó a estar al borde de la extinción en territorio chino. Sin embargo, unos años después, el PCCh tuvo que importar 250.000 ejemplares de gorrión molinero de la Unión Soviética a China. ¿El motivo? el hambre. Si el principal objetivo de la Gran Campaña del Gorrión era evitar las hambrunas en base a que los gorriones se comían el grano, lo que ocurrió fue todo lo contrario. Solo unos meses después del inicio de la Gran Campaña, empezaron a notarse sus terribles consecuencias. La cosecha de arroz de junio y julio de 1959 fueron un auténtico desastre y la única razón fue la ineptitud de los científicos que asesoraron a Mao en su campaña contra las “Cuatro Plagas”. Aunque era cierto que los gorriones se alimentaban del grano recogido, esto solo lo hacían durante el invierno y el otoño. Durante la época de cría, en primavera y verano, los gorriones alimentan a sus poyuelos con incontables millones de insectos. Sin embargo, con la desaparición de los gorriones, muchos de estos insectos, como nubes de langostas consideradas la plaga más devastadora de todas, no tuvieron ningún impedimento para arrasar con las desprotegidas cosechas del pueblo chino. Aunque la matanza de gorriones se siguió alentando durante casi un año completo, los crecientes indicios de hambruna de todo el país obligaron a Mao a cambiar de objetivo y decretar a las chinches como nuevo enemigo del pueblo. Este repentino y brusco cambió de opinión no se realizó por la divina providencia de Mao, sino gracias a 2 científicos, Chu Tsi y Tso-hsin Cheng, que nada más entrar en vigor la Gran Campaña del Gorrión, supieron que iba a ser un fracaso y empezaron a recabar pruebas. Durante un año, ambos científicos estuvieron estudiando el aparato digestivo del gorrión para confirmar lo que ya sabían: durante la época de cría, tres cuartas partes del contenido del estómago de los gorriones eran insectos, mientras que sólo una cuarta parte eran semillas y grano. Aunque las aves se llevaban parte de la cosecha, esta se veía compensada con creces por los beneficios de su labor como controladores de plagas.

En términos de sufrimiento humano, la Gran Campaña del Gorrión provocó lo que sería, lisa y llanamente, el mayor desastre causado por el hombre en toda nuestra historia. Entre 1959 y 1961, murieron entre 15 y 55 millones de personas en lo que se conocería, en un irónico giro de los acontecimientos, como la Gran Hambruna China. Para ponerlo en contexto, la cifra más alta estimada de esta hambruna supera los 40 millones de muertes que se produjeron en todo el mundo durante la Primera Guerra Mundial. No todos murieron de hambre, ya que la disidencia política implicaba el reclutamiento, la tortura y la muerte de familias enteras. El historiador holandés Frank Dikötter, autor de “La gran hambruna en la china de Mao”, calcula que más de 2,5 millones de personas murieron a golpes o torturadas, mientras que otros 3 millones se quitaron la vida antes de sufrir la lenta agonía del hambre. Un funcionario del partido de la ciudad de Xinyang relataba: “Fui a una aldea y vi un centenar de cadáveres; luego a otra, y vi otro centenar de cadáveres. Nadie les prestaba atención. La gente decía que los perros se estaban comiendo los cuerpos. No es cierto repliqué: ya hacía tiempo que la gente se había comido a todos los perros”. Las catástrofes se sucedieron por todo el territorio chino. En una sola ciudad de la provincia de Henan, 1 de cada 8 personas murió, más de un millón en total. En una pequeña aldea perecieron 44 de sus 45 habitantes, y la única superviviente, una anciana, enloqueció. En otro lugar, un adolescente huérfano mató y se comió a su hermano de 4 años. Y estas no son más que algunas de las terribles consecuencias que tuvo que sufrir el pueblo chino por tratar de luchar contra la naturaleza.

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