El camino hacia Jonestown: Cómo nace una secta
Artículo basado en el libro: "Jonestown: Jim Jones y la secta del Templo del Pueblo" de Lucía Marí Bernabé.
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El 18 de noviembre de 1978, en Jonestown (Guayana) 913 personas (entre ellas, 304 niños) cometieron el suicidio colectivo más numeroso de la historia de la humanidad. Este hecho es conocido en la cultura popular como “La masacre de Jonestown” y fue perpetrado por la Secta del Templo del Pueblo bajo las órdenes de su mesiánico líder Jim Jones. La historia de la masacre es de sobra conocida y ha sido ampliamente relatada en artículos, libros y documentales; sin embargo, el ascenso de Jones y de la Secta del Pueblo no ha sido tan profusamente documentado, por lo que en este artículo trataremos de relatar el recorrido que llevó a un pequeño niño fascinado por los reverendos y sus sermones a convertirse en el líder de la secta el Templo del Pueblo, la secta en la que se cometió el suicidio masivo colectivo más numeroso de la historia humana.
Jim Jones nació el 13 de mayo de 1931 en Creta, estado de Indiana (EE.UU.). Su infancia transcurrió durante la Gran Depresión, la crisis económica surgida a partir del crack del 29, y en unos Estados Unidos en los que todavía quedaban los últimos resquicios de una moribunda segregación racial en la que todavía surgían tensiones con la comunidad afroamericana. Aunque Jim pasó la mayor parte de su infancia en un pueblo muy conservador donde la mayoría de vecinos tenía una membresía destacada en el Ku Klux Klan, su madre, Lynetta Putnam, le inculcó una serie de valores centrados en la integración y el respeto por toda las etnias. Con un padre veterano de guerra con afecciones respiratorias graves y una madre que se pasaba el día en una fábrica para poder mantener a su familia, Jim fue criado por varias de las vecinas viudas de su barrio. Entre ellas destacaba Myrtle Kennedy, una mujer muy devota que asistía varias veces por semana a la iglesia y que introdujo al pequeño Jim en la religión cristiana. Con apenas 6 años y sin entender prácticamente nada de lo que decían los reverendos, Jim empezó a desarrollar una fascinación por la figura de autoridad que representaban estos pastores ante sus feligreses. Pronto aprendió a imitarlos e incluso memorizó varios pasajes de la Biblia. Era común ver al pequeño Jim dando sermones en el bosque ante un público compuesto por árboles y animales. Pero lo que parecía un juego no tardó en convertirse en una obsesión. Se hizo habitual ver a Jim recogiendo animales muertos para luego oficiar su entierro, algo que atrajo la atención de los demás niños del pueblo, quienes le llevaban sus mascotas fallecidas para que les diese un digno entierro. Desde ese momento, Jim empezó a saborear las delicias del poder y el liderazgo, delicias a las que se volvería adicto el resto de su vida.


Un joven Jim Jones junto a Myrtle Kennedy en 1971 (Fuente: Jonestown.edu)
A mediados de los cuarenta, la salud de su padre se vio profundamente agravada por el consumo excesivo de alcohol. Además, su madre tuvo una aventura con otro hombre, por lo que los padres de Jim se divorciaron y, en 1945, Lynetta se mudó a Richmond con su hijo. En el instituto, los funerales de mascotas dieron paso a unas ceremonias “a modo de broma” en las que Jim oficiaba los funerales de los equipos rivales de baloncesto de su instituto. Una de sus compañeras recordó estas ceremonias con las siguientes palabras: “Se levantó y comenzó a predicar e hizo un trabajo increíble. Él tenía el control absoluto. Era como algo real, pero pretendía ser una broma. Se mostró muy seguro de sí mismo en el escenario. Tenía ese cabello negro como el carbón y esos ojos penetrantes que te atravesaban”. Como ahora solo estaban él y su madre, el joven Jim se vio obligado a buscar un empleo que pudiese compaginar con sus estudios del instituto. Empezó a trabajar de celador en el turno nocturno en el Hospital Reid Memorial de Richmond y allí conoció a la que se convertiría en su esposa, la enfermera Marceline Baldwin. Él tenía 16 años y ella 20, pero no se casaron hasta que Jim cumplió los 18 años de edad. Recién casados se mudaron al condado de Monroe ya que Marceline había encontrado un trabajo y Jim se matriculó en la universidad. Aunque no se sabe en qué carrera se había matriculado, si se conocen varias de las asignaturas que cursó: psicología y negocios, inglés, ciencias militares, política, economía y sociología; lo que demostraba un claro interés por el comportamiento humano y la mente de los individuos. Sin embargo, con el paso del tiempo, su asistencia a clase fue reduciéndose, con el consecuente efecto sobre sus notas, por lo que decidió buscar un trabajo. Encontró uno que le vino como anillo al dedo: pasante pastoral de la Iglesia metodistas de Somerset, al sur de Indiana. También se convirtió en estudiante pastoral del seminario de la Iglesia.
Hasta ese momento, no se tenía constancia de que Jones hubiera alzado la voz a favor de la comunidad afroamericana, pero tras fijarse en que la comunidad de su Iglesia era enteramente blanca, Jim empezó a protestar con este sistema de segregación impuesto. Sin embargo, sus peticiones de integración e igualdad eran ignoradas por los pastores de la Iglesia, por lo que Jim decidió abrir un centro juvenil para niños de todas las razas, centró que aprovechaba para dar sermones a los padres de los niños e incluso empezó a aceptar su dinero. En 1954, se inició como pastor asociado con la Iglesia de Laurel Street en Indianápolis, una Iglesia pentecostal. Cuando le tocaba oficiar un sermón en esta Iglesia, Jim permitía el acceso a los bancos de primera fila por orden de llegada y no por color de piel como era habitual. Este acto tan lógico y simple a día de hoy se convirtió en una acción revolucionaria en su momento, pero sus profesores pastores no lo vieron con buenos ojos. No obstante, este acto de integración junto a sus inigualables habilidades como predicador, le granjearon cierta fama y lo invitaban habitualmente a dar sermones en en otras asambleas de Indiana y de estados circundantes. Es así como Jones empezó a ganarse la confianza de muchos feligreses, en especial de la comunidad afroamericana. Con la confianza vino la popularidad, y con ella la soberbia. Jim empezó a oficiar sermones en los que hacía de sanador a través de la “imposición de manos”, lo cual le trajo más notoriedad pero también problemas con su Iglesia. Aunque seguía siendo el pupilo de la Iglesia pentecostal de Laurel Street, su relaciones con ella se fueron rompiendo y distanciando cada vez más. Más adelante, Jones afirmó que le había expulsado de la Iglesia por permitir a las personas negras sentarse donde quisieran, aunque había rumores de que la causa de la expulsión fue que robaba dinero de las donaciones de los feligreses. Jones se separó o lo echaron de su Iglesia en 1955 y pasó a fundar su propia Iglesia que llamaría “Alas de la Liberación”. Como no había concluído sus estudios teológicos, Jim no podía dirigir una Iglesia oficialmente, así que necesitaba conseguir un certificado oficial por parte de otra asamblea de la Iglesia. Sin embargo, gracias a su popularidad había hecho importantes contactos, con lo que no le costó obtener el certificado. Lo primero que hizo tras la obtención del certificado oficial fue cambiar el nombre de su Iglesia a “El Templo del Pueblo”. Ya tenía su nueva Iglesia, ahora solo le hacían falta fondos y feligreses para poder mantenerla y expandirla. Jones necesitaba un gran espectáculo para poder atraer el mayor público posible, por lo que organizó un evento de 4 días lleno de oraciones, sermones, actividades con la comunidad, “sanaciones de fe”, música, baile… El evento fue un rotundo éxito y acudieron más de 11.000 personas. La nueva Iglesia aumentó en más de 1.000 feligreses.


Jim Jones junto a su esposa Marceline Baldwin (Fuente: BBC)
Mientras la popularidad de Jones crecía, también lo hacía su familia. En 1953, como Marceline no se quedaba embarazada, decidieron adoptar una niña mestiza que a pesar de ser blanca tenía sangre nativa americana. Tras esto, a Jones le apasionó la idea de crear una familia con todas las razas y las culturas, y como en ese momento se estaba librando la Guerra de Corea, la familia Jones decidió adoptar a 3 niños surcoreanos. Luego, Marceline tuvo el único hijo biológico de la pareja, para finalmente adoptar a su último hijo. Este se convirtió oficialmente en el primer niño afroamericano en ser adoptado por una pareja caucásica en el estado de Indiana. Jim denominó a su familia como “familia arcoiris” y se sentía profundamente orgulloso de ella. Su fama no paraba de crecer y su popularidad era un atractivo irresistible para los feligreses. En 1961, Jones fue ingresado en un hospital a causa de una úlcera fruto de su desenfrenado estilo de vida lleno de giras y sermones, pero en el ingreso los sanitarios cometieron un error, un error que catapultaría a Jim a la fama absoluta. Jones fue ingresado por error en el ala segregada para afroamericanos del hospital, y cuando fueron a organizar su traslado, Jim se negó. Además, durante su estancia, Jones ayudó a varios enfermos afroamericanos con los que compartía el ala. La noticia se difundió tan rápido que el hospital se vio obligado a eliminar la segregación racial. La fama de Jim se disparó como la espuma. Las entrevistas en televisiones y las reuniones con gente de poder se sucedieron en una espiral de notoriedad y fama que Jones no pudo controlar. Y digo no pudo controlar porque estas noticias también llegaron a grupos de supremacistas blancos que no veían con buenos ojos los actos de integración de Jones. Jim Jones y su familia empezaron a recibir amenazas de muerte, llamadas amenazantes en mitad de la noche e incluso pintaron una esvástica en la pared de su Iglesia. A esto se le sumaron una serie de visiones apocalípticas que sufrió Jim. Por las visiones, por las amenazas o por ambas, la familia Jones decidió trasladarse a Brasil durante un par de años.
Tras 2 años de ausencia, la Iglesia había sido descuidada y el Templo del Pueblo tan solo contaba con apenas 100 feligreses de los más de 1.000 que tenía cuando se fue. Lo primero que hizo fue organizar una nueva gira de sermones y campañas de curación para poder recaudar fondos pero, sobre todo, para poder cumplir su nuevo objetivo: trasladarse a California y fundar allí otra Iglesia del Templo de Pueblo, ya que había tenido una visión en la que aparecía la tierra prometida a la que llamaba Edén, una tierra que Jones deducía que estaba en California. El verano de 1965 Jim emprendió el largo viaje (3.700 km) con su familia y parte de su congregación en una caravana de alrededor de 100 coches. Nada más llegar, empezaron a levantar su iglesia en un terreno adquirido previamente y se dedicaron a captar feligreses, para lo cual tenían que trasladarse a San Francísco, a más de 1 hora en coche del pequeño pueblo donde se habían asentado. Las campañas de reclutamiento surtieron efecto e incluso algunas de las familias que se habían quedado en Indianápolis se mudaron, pero esta vez la situación era distinta. Mientras que en Indiana cada familia tenía su propio hogar y se trasladaban en coche a la Iglesia para escuchar los sermones de Jones, en California compraron una residencia de ancianos abandonada y todas las familias vivían juntas. Empezaron a cultivar alimentos e intentaron construir una comunidad autosuficiente. Todo el mundo colaboraba y repartían las cosechas en partes iguales, se estaban convirtiendo en una verdadera comuna religiosa. También empezaron a organizar campañas de integración y de donaciones de alimentos para los más necesitados, en su mayoría personas afroamericanas. Sin embargo, todas estas obras sociales que beneficiaban a la gente desfavorecida, calaron muy negativamente sobre los vecinos del pueblo donde se habían asentado, que eran mayoritariamente blancos. Los supremacistas empezaron a irrumpir en la Iglesia y a interrumpir los sermones de Jones, los feligreses eran continuamente amenazados e increpados. La tensión creció tanto que varios de los seguidores de Jim fueron destinados a la “guardia de protección” y empezaron a portar armas a modo de defensa. Solían quedarse fuera de la Iglesia patrullando a la espera de los supremacistas. Estos fueron los inicios de la militarización del Templo del Pueblo. Pero más allá de estos altercados a la Iglesia le iba bastante bien y, en 1973, decidieron abrir una segunda sede en California, más concretamente, en San Francisco, lugar de residencia de la mayoría de los nuevos feligreses y donde desarrollaban la mayoría de sus obras sociales.


Una mujer lavando el autobús de la secta del Templo del Pueblo en California (Fuente: Jonestown.edu)
Una vez en San Francisco, Jones empezó a convertir sus sermones religiosos en mítines políticos y, cuanto más feligreses acudían a sus discursos, más se radicaliza Jones. Empezó a convertirse en una figura notoria dentro de la política y para sus sermones traía más oradores políticos que religiosos. Tanto Jones como sus feligreses empezaron a apoyar a un candidato liberal, George Moscone, para la alcaldía de San Francisco actuando más como un Lobby que como una congregación religiosa. Moscone ganó las elecciones y mantuvo cierta cercanía con Jones, lo que le permitió reunirse con altos cargos políticos como el candidato a la vicepresidencia de EE.UU., Walter Mondale o celebrar un mitin con la primera dama Rosalynn Carter. Con las relaciones políticas, la fama de Jones y del Templo del Pueblo aumentaron a un más y, con ello, las donaciones que recibían. Gracias a los nuevos fondos, la Iglesia de Jones fue capaz de reabrir centros médicos, comedores sociales, escuelas, apoyar económicamente la investigación médica del cáncer… Todo ello llevó a que Jim recibiese prestigiosos premios como el Cuarto Premio Anual Martin Luther King Jr. Bajo toda esta vorágine de prestigio y reconocimiento, Jones empezó a relacionar los pasajes del Nuevo Testamento que tanto empleaba en sus sermones con el socialismo o el comunismo y su idea de “Paraíso en la Tierra”, una utopía a la que denominó “socialismo apostólico”. Bajo este pretexto, Jones empezó a instar a sus feligreses para que aportaran sus propios bienes a la comunidad de la Iglesia, y no solo eso, sino que también ofrecieran su tiempo y su trabajo. Criticó a todos aquellos de sus seguidores que no contribuían con sus posesiones a la Iglesia, ni cedían las escrituras de sus hogares o de sus negocios.
Jim Jones llegó a California seguido por unos 140 feligreses, pero en pocos años su Iglesia ya contaba con más de 2.000 miembros. A parte de la sede que habían abierto en San Francisco, también se apropiaron de una vieja sinagoga en Los Ángeles para abrir su tercera sede en el estado de California. El Templo del Pueblo ya no era un grupo aislado de personas que era amenazado e intimidado por los supremacistas locales, ahora era toda una institución con miles de miembros, con contactos e influencias políticas y estaban organizados en una jerarquía muy definida con lugartenientes a través de una Comisión de Planificación que ayudaba a Jones a dirigir toda la estructura de la Iglesia. La Comisión estaba constituida por las personas de la congregación más cercanas a Jones, individuos que seguían las leyes más estrictas dictadas por Jim, pero que al mismo tiempo tenían manga ancha para hacer con los feligreses lo que ellos creyesen oportuno. Se empezaron a dar testimonios de abusos sexuales y favores o donaciones personales a los miembros de la cúpula. Hubo humillaciones y exposiciones públicas delante de los feligreses con realidades distorsionadas sobre sus situaciones personales. También se inmiscuían en la vida personal de los seguidores dando o negando permisos para contraer matrimonio o emparejando a los miembros a su antojo. Obligaban a participar en abortos a las mujeres a las que no se les había dado el permiso para ser madres. En multitud de ocasiones obligaban a los hombres y mujeres miembros de la Iglesia a mantener relaciones sexuales con los integrantes de la cúpula e incluso con el propio Jim Jones. De hecho, la mayoría de los miembros de la cúpula habían accedido a ella ofreciendo este tipo de favores sexuales.
Imagen actual de la sinagoga que adquirió el Templo del Pueblo en Los Ángeles (Fuente: Wikipedia)
Como consecuencia de este abuso de poder por parte de la élite del Templo del Pueblo, en 1973 se produjeron las primeras deserciones que afectaron al ánimo de todos los miembros de la Iglesia. Estos desertores fueron conocidos como “Los ocho revolucionarios”: ocho estudiantes de Universidad afroamericanos que empezaron a ver las irregularidades por parte de la cúpula y decidieron denunciar la hipocresía de los integrantes de la élite mediante una carta. En ella hacían hincapié en la lucha del reverendo Jones, pero al mismo tiempo destacaban que dos tercios de los miembros de la cúpula del Templo del Pueblo eran blancos; mientras que el 80-90% de los feligreses eran afroamericanos. Además, estos 8 universitarios también mencionaron haber sido testigos de ciertas irregularidades de carácter sexual dentro de la Iglesia. En respuesta a esta carta que los propios estudiantes hicieron pública, Jones se puso paranoico con la idea de que iba a ser abandonado. Aunque a Jones le enfadaba sobremanera que le señalaran las irregularidades de los miembros de la cúpula que él mismo había seleccionado y que además supervisaba, pero sobre todo lo que realmente enfada a Jones eran los traidores, los que abandonaban su causa, la única causa verdadera. Durante la década de los 70, el Templo del Pueblo empezó a tener una cobertura mediática bastante negativa. Varios artículos del San Francisco Examiner catalogaron a Jones como un mesías falso que mentía cuando aseguraba que había resucitado a 43 personas o que curaba enfermedades y malformaciones. Tras entrevistar a varios integrantes de la Iglesia, el periódico publicó sus testimonios en los que se mostraba un descontento ante ciertas irregularidades cometidas por su congregación. Esta exposición mediática fue una de las principales causas que convenció a Jones para que tomara la decisión de abandonar el país.
Para 1973, cuando el San Francisco Examiner publicó esta serie de artículos negativos, Jones empezó a fantasear con aislar a su comunidad en una zona lejana a Estados Unidos en donde poder crear su particular utopía. La cúpula del Templo del Pueblo junto a Jones empezaron a interesarse por una pequeña región de América del Sur situada entre Venezuela y la Guayana Francesa, un lugar donde se hablaba inglés ya que había sido una colonia británica, un país que pasaba desapercibido para los intereses de la geopolítica y que, además, tenía un régimen socialista con funcionarios dirigentes negros. El 8 de octubre de 1973, la Junta Directiva de la Iglesia votó a favor de establecer una filial y una comunidad agrícola y rural en la República Cooperativa de Guayana. La idea de Jonestown acaba de nacer.
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