El otro frente ruso: el pulso estratégico en el mar de Barents

Artículo basado en el libro: “Guerra Blanca: En el frente Ártico del conflicto mundial” de Mario G. Mian.

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Mientras el mundo concentra su atención en la guerra en Ucrania, donde la ofensiva rusa ha redefinido la seguridad europea, en el extremo norte del continente se está gestando un conflicto silencioso pero igualmente estratégico. El mar de Barents, frontera natural entre Rusia y los países nórdicos, se ha convertido en un escenario de creciente militarización. Bases, ejercicios y sistemas de vigilancia muestran que Moscú no sólo proyecta poder en el este, sino que también refuerza su presencia en el Ártico, anticipando futuras disputas sobre rutas marítimas, recursos energéticos y control territorial. Este capítulo de la geopolítica, menos visible pero de alto riesgo, plantea un “otro frente” ruso que no puede ser ignorado. En este artículo analizaremos algunas de las claves de este conflicto invisible al mundo y, para ello, empezaremos observando una de las regiones de la silenciosa contienda, el mar de Barents.

El mar de Barents es un sector del océano Ártico situado al norte de los países nórdicos de Europa (Finlandia, Suecia y Noruega) y al noroeste de Rusia. Sin embargo, tan sólo Noruega y Rusia poseen territorio costero en este mar. De hecho, para Noruega esta masa de agua es de vital importancia, ya que de ella provienen dos tercios de su economía: pescado, petróleo y gas. “In cod we trust” (Confiamos en el Bacalao) es el lema de las ciudades costeras noruegas donde faenan más de 6.000 barcos pesqueros, entre los que el bacalao es su producto estrella (unas 90.000 toneladas pescadas anualmente y 35 millones de raciones vendidas cada día en más de 140 países). Por desgracia, debido al calentamiento climático, la mayoría de especies valiosas se desplazan cada vez más al norte, en busca de aguas más frías. “No sabemos qué ocurre en el nuevo mar liberado por el deshielo del Polo. Los peces migran hacia el norte y el noreste cuatro veces más rápido de lo previsto, exactamente la velocidad de calentamiento del Ártico (que se calienta 4 veces más rápido que el resto del planeta)” comenta un biólogo noruego del Instituto de Investigación Marina. “El bacalao, el fletán y los camarones han pasado de los 60º de latitud Norte a los 80º Norte. Estamos investigando en zonas aún no cartografiadas. Ni nosotros ni los colegas rusos tenemos todavía elementos suficientes para saber cuál será el destino de nuestros peces. Con los rusos llevamos 60 años trabajando, es una larga tradición. Intercambiamos análisis y resultados, basta con no hablar de política” agrega el biólogo marino.

Mar de Barents (Fuente: Wikipedia)

Cuando la guerra de Putin apenas estaba calentando motores, en el mar de Barents ya se presagiaba el desastre. Aunque los científicos noruegos y rusos aún se reunían para entender qué ocurría en las aguas que comparten, divididas por una frontera en los mapas de Rusia y la OTAN, con el inicio de la guerra las reuniones se cancelaban a última hora, y los contactos se fueron reduciendo al mínimo imprescindible. “Antes hablábamos también de cosas de la vida, de los hijos, nos intercambiamos alguna botella. Ahora hay más desconfianza, ya no comemos ni bebemos juntos” confiesa el biólogo, pero los problemas del mar de Barents no tienen que ver sólo con el pescado. Aunque Noruega ostenta el récord mundial de coches eléctricos y ha prohibido la venta de coches de combustión a partir del 1 de enero de 2025, sigue extrayendo petróleo para exportar a un ritmo cada vez más elevado. De la misma forma, Rusia obtiene la mayoría de sus reservas de petróleo y gas del territorio más septentrional del país. Si a esto le sumamos que la Ruta del Mar del Norte, un trayecto para barcos mercantes que permitiría el transporte de mercancías de Oriente (principalmente China y Japón) a Europa 3 veces más rápido que las rutas tradicionales (a través del canal de Suez), esta región se está convirtiendo en una zona de emergente interés y, por lo tanto, de conflicto, como bien atestiguan la elevada militarización de la región.

En noviembre de 2018 se llevó a cabo el mayor ejercicio militar ártico desde la caída de la URSS: 50.000 hombres, 27 países de la OTAN implicados, 65 buques y 250 aeronaves. Al mismo tiempo, los rusos simularon una ofensiva probando misiles en el mar de Barents, la más cercana a la frontera noruega que habían realizado nunca. “No hay guerras, pero tampoco hay paz. Las armas están listas y todos tienen el dedo en el gatillo, a un lado y al otro” declaró un almirante de la Guardia Costera noruega. En mayo de 2025, entre el mar del Norte y el mar de Barents, tuvo lugar el mayor ejercicio naval de tiro jamás realizado en Europa, con la participación de 10 países de la OTAN y el despliegue simultáneo de 16 buques y 27 aeronaves. Lógicamente, la guerra de Ucrania junto a todas estas exhibiciones de músculo militar están teniendo un impacto enorme en la economía de las ciudades fronterizas entre Rusia y Noruega. Por ejemplo, en Kirkenes, una ciudad del extremo norte de Noruega situada cerca de la frontera rusa y del mar de Barents, se cerró un gran astillero especializado en la reparación de todo tipo de embarcaciones (un 75% rusas) y una empresa que fabricaba iluminación para Airbus. “La apuesta no era tanto por mercancías. El futuro del tráfico marítimo dependía de la exportación de gas licuado desde el Ártico ruso hacia Europa. Pero ahora la única exportación será hacia Oriente, y nosotros quedamos fuera. El sueño de Kirkenes se ha acabado” declaró Kjell Stoknik, el director de un centro logístico que no tiene a nadie a quien prestar servicio. “China, que ya ha invertido más de 40.000 millones de dólares en plantas rusas de GNL (Gas Natural Licuado), ahora se lo comprará todo”.

Mapa de los países nórdicos de Europa con la ciudad noruega de Kirkenes señalizada (Fuente: Lanforsen)

Desde Kirkenes, la frontera rusa está a 15 minutos en coche, mucho más cerca que el municipio noruego más próximo. Gracias al deshielo del Ártico, la Ruta del Mar del Norte (NSR por sus siglas en inglés) prometía abundancia y desarrollo económico para la pequeña ciudad. Con tan solo 13.000 habitantes, Kirkenes se preparaba para convertirse en el terminal Europeo de la NSR, incluso habían encontrado un lema "La nueva Rotterdam”. Se tenía previsto la construcción de 2.500 viviendas, 3 distritos oficiales para multinacionales, plantas de regasificación, terminales para oleoductos, depósitos para almacenar petróleo con una capacidad de 20 millones de toneladas… De hecho, Rune Rafaelsen, el alcalde del municipio de Kirkenes, se jactaba de que le hubieran invitado desde Pekín, y que el ministro de Transporte chino le había dicho que su ciudad sería la ciudad occidental más cercana a Asia gracias a la NSR. “En los años setenta, en tiempos de la Guerra Fría, el Ártico era solo una zona de disputa; ahora es, sobre todo, el objeto de disputa. El mar de Barents puede convertirse en el ojo del ciclón”, decía Rune. También contaba como el consulado ruso, situado enfrente del ayuntamiento, estaba equipado con sofisticados sistemas de escucha, y que en el cuartel de policía había varios hombres de los servicios secretos, y no solo noruegos. “Muchos de los observadores de aves que ves por ahí no sabrían distinguir un gorrión de un cuervo: los prismáticos los usan para otra cosa” añadía irónicamente el alcalde del municipio de Kirkenes.

El alcalde Rune Rafaelsen también dirige el “Barents Secretariat” un centro de cooperación transfronterizo financiado por el Ministerio de Asuntos Exteriores noruego. En 2010 fue el artífice del Tratado del mar de Barents, un histórico acuerdo sobre las fronteras marítimas con Rusia. De ese tratado nació una estrecha colaboración en materia pesquera, con los rusos adoptando el mismo sistema riguroso de cuotas de pesca que los noruegos. También hubo acuerdos de cooperación y explotación de los yacimientos del mar de Barents y unos 200 proyectos interculturales que se convirtieron en el modelo mundial en la gestión de crisis fronterizas. A Rune lo apodaron el “Shimon Peres del Ártico” y lo llamaban desde Palestina, el Cáucaso o Timor para dar charlas. A pesar de que ya había pasado más de una década desde esos históricos acuerdos, Rune todavía habla con fascinación sobre la relación especial entre Noruega y Rusia, dos países que jamás se habían enfrentado en la historia. También recuerda la deuda de gratitud que sienten los noruegos del norte hacía el Ejército Rojo que, tras detener a los nazis en la península de Kola, liberó también a Kirkenes, “Terminada la misión, los soviéticos regresaron a su país sin ocupar un solo centímetro de nuestra tierra, y dejaron caballos y harina a la población hambrienta”, decía Rune. “La única estatua en el centro es un regalo de la URSS. Pero ese soldado soviétio no apunta con el dedo hacía el oeste, como suele verse en Rusia, sino hacía el este, un gesto de amistad y paz”. Rune también se enorgullece de haber puesto en marcha los permisos diarios simplificados para ciudadanos rusos: 300.000 pasos fronterizos que aportan cada año unos 80 millones de dólares a la economía local. Sin embargo, desde el inicio de la guerra de Ucrania, Oslo empieza a mirar con desconfianza al idealista alcalde de Kirkenes, demasiado amigo de sus vecinos rusos. Como enclave fronterizo, en los últimos años tanto los servicios secretos rusos como noruegos se han empezado a mover por la zona, convirtiéndola en un terreno de caza para reclutamientos cruzados de espías del otro bando.

Monumento a la Liberación Soviética en Kirkenes (Noruega) (Fuente: Tripadvisor)

Desde la invasión de Crimea y la puesta en marcha de las sanciones económicas internacionales, las empresas y el Estado chino empezaron a sustituir a las empresas occidentales como principales compradores de los bienes rusos, especialmente con alianzas en el sector extractivo. “Putin se vio obligado a recurrir a Pekín, una alianza que acabará pagando caro” afirmaba Vidar Andreassen, responsable logístico de Henriksen Shipping. “Los chinos han ocupado el lugar de los estadounidenses, canadienses, italianos y noruegos. No esperaban otra cosa y nosotros les dimos la bienvenida”. La empresa de Vidar se ha convertido en un ir y venir de técnicos orientales. “En 3 años, Pekín ha creado desde cero una flota para la exploración sísmica y geofísica de los yacimientos rusos del mar de Barents, sustituyendo a gigantes occidentales como WesternGeco. Y tienen su base logística aquí, en Kirkenes” añadía Vidar. Al frente de la empresa municipal Artic Smart Cities, el alcalde Rune colocó a Kenneth Stalsett como el encargado de la línea ferroviaria que debía conectar Kirkenes con el centro de Europa. Un proyecto impulsado por Finlandia llamado Corredor Ártico. Los contenedores procedentes de Asia (y los hidrocarburos rusos) serían cargados en vagones que a través de una red de 500 kilómetros de vía une Kirkenes con Rovaniemi (Finlandia), y de ahí con el resto del continente. El coste del proyecto, unos 5.000 millones de dólares provenientes de fondos de la Unión Europea, del Grupo Euroasiático y financiación asiática. Del mismo modo, una empresa mixta chino-finlandesa llamada Cinia, estudiaba como tender 15.000 kilómetros de cable de fibra óptica bajo el océano Ártico, desde Kirkenes hasta la isla japonesa de Hokkaido, bordeando Rusia. “La digitalización rápida es necesaria para sostener y acelerar el desarrollo del Ártico, pero también para ampliar el alcance de las líneas Oriente-Occidente, un tráfico que crece el 200% al año. En las transacciones bursátiles, la velocidad de red lo es todo. Basta una fracción de segundo en la conexión para ganar miles de millones” decía Kenneth, coordinador local del proyecto. En el otro extremo, a lo largo del paso del Noroeste, la empresa estadounidense Quintillion iba por delante: estaba terminando de instalar el cable que une Reino Unido y Japón, pasando por el Ártico canadiense, Alaska y el estrecho de Bering. “Hoy estás fuera del mundo si no estás conectado al mundo. Y el Ártico está entrando en la conversación global. Esperemos que los rusos no hagan ninguna jugarreta”. Y de hecho fue lo que hizo Putin, rompió el acuerdo con los chinos y finlandeses ya que no quería cables extranjeros en su patio trasero. Prefería construir una red propia autogestionada, lejos de oídos indiscretos. De igual manera, el proyecto de la red ferroviaria también ha sido detenido desde Helsinki, concretamente, desde la invasión rusa de Ucrania en 2022.

Para 2019, el alcalde Run Rafaelsen estaba preocupado, sentía que el peligro provenía de su querido Este: “Está creciendo el odio hacía Occidente, y nosotros estamos dentro. Nos miran de otra forma, esconden algo ". Rune pudo observar de primera mano la transformación de Kirkenes y el mar de Barents en un bastión de la OTAN en disposición de guerra. Por ejemplo, desde la ventana de su despacho en el ayuntamiento, era capaz de observar el Marjata IV, una especie de yate de oligarcas rusos, pero que en realidad es el buque espía más grande y sofisticado de la OTAN, construído expresamente para observar cada movimiento de los submarinos rusos en el mar de Barents. Al otro lado de la frontera en la península rusa de Kola, la fortaleza nuclear de la Flota Norte hace lo propio. “En cuatro años han creado un mando específico para la Guerra Blanca, 4 brigadas árticas de asalto, 14 nuevas bases aéreas operativas, 16 puertos de aguas profundas, 40 rompehielos y otros 11 en construcción”. El Marjata IV, con sus 126 metros de eslora y 24 de manga fue pagado por Noruega por 200 millones de dólares. Gran parte de la cubierta está ocupada por un nido de antenas capaces de captar las frecuencias del sistema de radar ruso, información crucial en caso de conflicto. A bordo viajan una decena de noruegos y una treintena de agentes de la inteligencia estadounidense. “Pasa hasta 1 mes en aguas internacionales, es la única del mundo equipada con un sistema de interceptación y defensa antimisiles por sensores” comentaba Rune. “Los rusos la llaman confidencialmente Masha, y en sus bases entrenan disparando sobre su silueta con los AK-726” añadía.

Marjata IV, el buque espía más sofisticado de la OTAN (Fuente: Wikipedia)

Desde la isla noruega Vardø se alcanza a ver la península de Kola, a unos 70 kilómetros en línea recta. La mitad de la población de la isla ha huido en pocos años, ya que temen las ondas electromagnéticas de los radares y un posible ataque. “Vardø será el primer objetivo de los rusos” decía Lasse Haughom, exalcalde y amigo de Rune. Hoy la actividad principal de la isla es espiar a su vecino ruso. La isla está conectada con el continente a través de un túnel por cuyo interior pasa un cable especial que alimenta un sistema radar estadounidense. “Esta isla es clave para Estados Unidos y para Occidente. Desde aquí se puede saber qué hacen ellos por encima y por debajo del mar” comentaba Lasse. Los 4 hoteles de la isla están reservados para los técnicos estadounidenses, mientras que los turistas hacen un tour y se marchan enseguida, no hay ni un solo restaurante. Tras la incorporación de uno de los primeros submarinos clase Borei al arsenal estratégico de Putin, capaz de transportar al menos 12 misiles balísticos intercontinentales con ojivas nucleares múltiples, la OTAN decidió instalar un sistema de alerta avanzada llamado Globus 3, encargado de monitorear el espacio marítimo y aéreo del Ártico. Debido a ello, el embajador ruso de Oslo amenazó a Noruega: “No subestimen nuestra capacidad de respuesta. Convertirse en avanzada de la OTAN significa convertirse en objetivo ruso y transformar el Ártico en un lugar peligroso”. Aunque en un principio el Globus 3 se presentó como un sistema destinado a cartografiar los satélites basura, nadie se creyó la farsa, y menos aún los rusos, convencidos de que se trataba de algo mucho más terrenal: el sistema de defensa antimisiles más avanzado del Pentágono. Lo que inquieta a los rusos es que el Globus 3 podría neutralizar el papel de la flota ártica, enormemente reforzada en los últimos años con vistas a imponerse a la OTAN en una eventual represalia por la acción de sus submarinos nucleares. Putin sabe que sus fuerzas armadas convencionales son netamente inferiores a las estadounidenses y la activación de un escudo antimisiles en las puertas de su casa se percibe como una amenaza directa al único terreno en que aún se considera temible: la disuasión nuclear.

La tensión es más que palpable y creciente en la región del mar de Barents. Acuerdos, tratados y negocios de toda índole son frenados o anulados debido a la disputa entre los contendientes. El histórico acuerdo del Tratado del mar de Barents se está poniendo en entredicho por ambas partes. El propio presidente de la Duma, Viacheslav Volodin, propone anularlo alegando que habría “robado” a Rusia 175.000 kilómetros cuadrados de mar. A día de hoy, ningún político ruso habría firmado aquel acuerdo, ya no lo consideran un mar compartido con Noruega, sino con la OTAN, una organización militar creada para frenar el avance de la URSS. Los rusos están sedientos de venganza contra Estados Unidos y Europa, convencidos de que, tras el desmembramiento de la URSS, Occidente quiere desmembrar Rusia, por ser demasiado grande, demasiado rica en recursos y no controlable. Aunque en la región Ártica todavía no se haya disparado ni un bala, más allá de los innumerables ejercicios de prácticas militares, se trata de una de las zonas más militarizadas del mundo, una razón más que suficiente para no apartar nuestra mirada del Gran Norte Blanco.

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