El Viento: el susurro que moldea el planeta
Articulo basado en el libro: “En qué se parecen las gotas de lluvia al pan de hamburguesa” de Mar Gómez.
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En la meteorología existe un gran olvidado por el público general, uno de los fenómenos meteorológicos más comunes que hay, pero que al no resultar tan vistoso como otros, suele caer en el olvido. Estoy hablando del viento, y la principal razón del desinterés que presenta se basa en que aunque podamos oírlo y sentirlo, no podemos verlo. Sin embargo, está muy presente en nuestro día a día, ya sea en una forma más sutil como la brisa o como un auténtico vendaval, es un factor omnipresente. El viento es, básicamente, aire en movimiento, un aire que se define como el conjunto de gases presentes en nuestra atmósfera. De hecho, es gracias a él por lo que se mantiene el equilibrio atmosférico. En este artículo analizaremos algunos de los aspectos fundamentales de nuestro olvidado compañero de viaje.
Como acabo de mencionar, el equilibrio atmosférico se mantiene gracias al viento. Las regiones en torno al ecuador son más cálidas que las regiones polares ya que reciben las radiaciones solares de forma más directa, y esta diferencia de temperatura genera un desequilibrio térmico. La atmósfera intenta compensar este desajuste produciendo un transporte de aire desde el ecuador, donde el aire es más cálido y menos denso, hacia latitudes superiores. En el ecuador, al ser el aire menos denso, asciende y conforme viaja hacía el norte y el sur, se encuentra con regiones más frías, por lo que su densidad aumenta, haciéndolo descender (a unos 30º de latitud norte y sur). Esto provoca que una masa de aire sea reemplazada por otra y se cree una corriente de aire. En latitudes superiores, el proceso continúa generando de nuevo otra circulación hasta los 60º, donde el aire desciende de nuevo. Finalmente se produce una última circulación desde estos 60º hasta los polos, donde de nuevo vuelve a descender. Estas masivas corrientes de circulación reciben el nombre de células, siendo la de 0º a los 30º de latitud, las células de Halley; de los 30º a los 60º, las células de Ferrel; y la de los 60º a los 90º (polos), las células polares. Y hablo en plural ya que cada una de ellas aparece por duplicado, una en el sur y otra en el norte, como bien se puede observar en la imagen. Además, debemos tener en cuenta que estas células se ven influidas por el movimiento de rotación de la Tierra. Si esta no girara la atmósfera circularía entre los polos (áreas de alta presión debido al descenso del aire frío) y el ecuador (áreas de baja presión debido al ascenso del aire caliente) en un viaje simple de ida y vuelta. Pero debido a que la Tierra gira, el aire circulante se desvía. Es lo que se conoce como efecto Coriolis y provoca que el aire se desvíe hacia la derecha en el hemisferio norte y hacia la izquierda en el hemisferio sur.


Las 3 células de vientos planetarios (Fuente: Mundo Académico VICVA)
Pero no todos los vientos se basan en estas circulaciones atmosféricas, ya que como seguro que te habrás dado cuenta, también existen los vientos locales, principalmente generados por la orografía y el terreno de una determinada región. Por lo general, si estos vientos se vuelven habituales en una zona, suelen recibir nombres según la dirección de la que proceden. Los vientos alisios, el cierzo, la galerna, el levante, el poniente, el siroco o la tramontana son algunos de estos ejemplos. También podemos encontrar el mundialmente conocido como viento del sur, que provoca el famoso efecto foehn en las zonas montañosas. Asimismo, también tenemos vientos no periódicos asociados a tormentas, tornados o huracanes, y otros vinculados con fenómenos estacionales que aparecen siempre en las mismas fechas, como los monzones. Seguro que te suena esta palabra y, de ser así, seguro que la relacionas con lluvias torrenciales e inundaciones, fenómenos que ocurren debido a la diferencia de temperatura que aparece entre la tierra y el mar. Aunque los monzones se generan en muchas regiones del planeta, la región más conocida es el sudeste asiático, donde se pueden observar los monzones de verano e invierno. El viento no solo es el responsable de las olas del mar, sino que también representa un factor geológico de primer nivel, al ser el responsable de la erosión y el transporte de partículas. Mediante la erosión, el viento es capaz de desgastar las rocas nivelando el terreno, y mediante el transporte es capaz de crear una gran variedad de formas como las de las dunas. Incluso es capaz de dar forma a algunas nubes como las lenticulares. A pesar de esa enorme capacidad de modificación, debemos tener en cuenta que el viento no es algo exclusivo de la Tierra, ya que cualquier planeta con una atmósfera gaseosa lo tiene. Por ejemplo, en Neptuno podemos encontrar los vientos más intensos del sistema solar, con una velocidad de 2.000 km/h, lo que quintuplica al viento máximo registrado en nuestro planeta.
Podemos distinguir 3 grupos principales de vientos: los planetarios, los regionales y los locales. De los primeros ya hemos hablado al explicar las diferentes corrientes de circulación global atmosférica que producen las células de Halley, Ferrel y polares. Entre estos vientos, los que destacan en primera posición son los alisios, que se producen desde los trópicos al ecuador aportando humedad y generando, normalmente, lluvias. Cuando estos vientos provenientes del hemisferio sur y norte convergen, lo hacen en la Zona de Convergencia Intertropical (consultar imagen), una región donde predominan las lluvias y las tormentas. Desde las pluviselvas del amazonas, a las densas selvas del Congo, toda esta latitud se caracteriza por climas húmedos con intensas lluvias. De hecho, en estas regiones las nubes de tormenta pueden alcanzar los 15 kilómetros de altura. En segundo lugar, podemos observar los vientos del oeste, que se mueven de oeste a este en latitudes entre los 30º y 60º en ambos hemisferios. Por último tenemos los vientos circumpolares, que se producen desde los polos (90º) hacía las regiones del círculo polar (60º). Seguro que te has dado cuenta, pero cada uno de estos vientos se corresponde con las células que hemos mencionado previamente.
Para hablar de los otros dos tipos de viento (regionales y locales) debemos tener en cuenta que en nuestro planeta existe una gran diversidad de factores como la orografía, los mares o los océanos, y que estos factores desempeñan un papel fundamental a la hora de contribuir a la aparición de los vientos en una región concreta. Por ejemplo, las brisas que sentimos durante el día cerca del mar, no son más que consecuencias de la diferencia de temperatura que existe entre el agua y la tierra. Durante el día, el Sol incide calentando ambas superficies, pero la tierra se calienta más rápido que el agua, ya que su calor específico es menor. Esto genera que el aire junto al suelo esté más caliente y, por lo tanto, tenga menor densidad, haciendo que se eleve. Este aire tendrá que ser reemplazado por otro aire más frío, el que proviene del mar. Este movimiento es el responsable de generar la típica brisa marina diurna. Por lo tanto, cuanto mayor sea el contraste de temperaturas entre la tierra y el mar, más viento tendremos en esa zona. Por la noche ocurre justo lo contrario, como el agua tiene un mayor calor específico, tarda más tiempo que la tierra en perder el calor que ha adquirido durante el día; por lo tanto, durante la noche el mar se encuentra más caliente y, a su vez, el aire sobre la superficie marina también. Este aire, al estar más caliente, tiene menor densidad, por lo que asciende, generando un reemplazo del aire que falta por el aire más frío procedente de la tierra. De esta forma, mientras que durante el día la brisa sopla desde el mar hacía la tierra, durante la noche el viento sopla desde la tierra hacía el mar. Pero no solo en las regiones costeras somos capaces de percibir el viento.


Proceso de formación de la brisa marina y la brisa terrestre (Fuente: Tiempo Amba)
El viento también se produce en valles y montañas, y reciben el nombre de vientos anabáticos (brisas de valle) o catabáticos (brisas de montaña); sin embargo, ambos son producidos por diferencias de temperatura, al igual que las brisas marinas y terrestres. Los vientos de los valles se producen durante el día, cuando las altas montañas se calientan más que las zonas llanas debido a la radiación solar. Por el contrario, las brisas de montaña se producen por la noche, cuando el aire más frío de las montañas desciende por las colinas hacia el valle. Pero hasta ahora solo hemos hablado de las inofensivas brisas, y hemos pasado por alto otros vientos regionales más peligrosos: los monzones. Estos se originan por cambios estacionales de viento en una región como consecuencia de las diferencias de temperatura entre el océano y la tierra (como no). Los monzones de verano suelen ser húmedos y aportan lluvias que representan un alto porcentaje de la precipitación anual de la región. Estos los podemos encontrar en la India, donde los monzones de verano aportan el 75% de las lluvias de todo el año que recibe el país.
También existen otros vientos que, debido a que son muy habituales en una región, tienen el honor de recibir un nombre propio. Por ejemplo, los vientos de Santa Ana (en California) son vientos secos que transportan polvo cuando soplan, y son especialmente famosos ya que ayudan a la propagación de los incendios debido a su baja humedad. También podemos encontrar el siroco, un viento del sur-sudeste que aparece en el Mediterráneo. También es un viento seco que suele generar altas temperaturas en las regiones en las que sopla y, además, transporta polvo desde el desierto del Sahara. Los 40 rugientes o los 40 bramadores, son unos vientos muy ruidosos (de ahí su nombre) que han sido utilizados desde hace siglos por los navegantes para propulsar sus navíos en las rutas del Pacífico. Suelen aparecer en las latitudes 40º Sur (también de ahí su nombre) y no vienen solos, ya que en las latitudes de 50º y 60º Sur, también aparecen los 50 aulladores y los 60 bramadores respectivamente. En España son muy famosos los vientos conocidos como el cierzo, la tramontana o la galerna. El primero sopla desde el noroeste y suele estar más presente en Aragón. La tramontana, cuyo nombre proviene del latín “más allá de la montaña”, es un viento frío que sopla desde el norte y el nordeste provocando fuertes rachas en las islas Baleares y en Cataluña. La galerna se produce en el norte de la península y provoca potentes vientos súbitos de oeste y noroeste, que dan lugar a rápidos y violentos temporales.
También existen ciertos fenómenos en los que se ve implicado el viento y merecen una mención aparte. De hecho, uno de ellos ya ha sido mencionado en el artículo: el efecto Foehn. Se trata de un proceso que se genera en las zonas montañosas y que provoca tiempos meteorológicos muy distintos a ambos lados de las montañas o cordilleras. Cuando el viento sopla y se encuentra un obstáculo montañoso, empuja a las masas de aire para que asciendan por la ladera de la montaña. Como ya hemos visto reiteradas veces, cuando el aire sube se enfría, concretamente la temperatura desciende 1 ºC por cada 100 metros que asciende el aire. Cuando el contenido de humedad es el adecuado, este enfriamiento puede generar la condensación del vapor de agua presente en la masa de aire, lo que producirá lluvias en ese lado de la montaña, también conocida como ladera de barlovento (o zona desde donde sopla el viento). Aunque el vapor de agua de la masa de aire precipite, el resto sigue ascendiendo y enfriando, pero esta vez a un ritmo menor, 0,5 ºC por cada 100 metros. Cuando estas masas de aire alcanzan la cumbre, se ven obligadas a descender por la ladera contraria, la de sotavento (o zona hacia donde sopla el viento). Esto provoca un aumento de la temperatura para una masa de aire con una humedad inferior, generando unos vientos secos y cálidos. Debido a esto, es muy común encontrar tiempos muy variados a ambos lados de la cordillera montañosa. Mientras que en la ladera de barlovento podemos tener temperaturas de 15 ºC con lluvias, y en las de sotavento pueden ser de 20 ºC con ambiente soleado. Pero las diferencias pueden ser mucho más marcadas, como en el caso de las Montañas Rocosas, donde en una región de Montana se registró un cambio de temperatura de récord: de -48 ºC a 9 ºC en tan solo 24 horas.


Funcionamiento del efecto Foehn (Fuente: La Rioja Meteo)
El viento no solo representa las agradables brisas de verano de la costa, sino que también puede alcanzar velocidades tan intensas como para arrancar árboles de sus raíces, levantar tejados de viviendas o incluso succionar animales y lanzarlos a varias decenas de metros de distancia. Para poder distinguir entre estos vientos de diferentes intensidades, se creó la escala Beaufort, que muestra un valor de 0 para una ligera brisa y un valor máximo de 12 para los vientos de los huracanes que, con velocidades superiores a los 120 km/h, pueden mover incluso vehículos. El viento también es el responsable de la creación de las olas (aunque no de las mareas) y de la forma de las dunas entre otros muchos aspectos de nuestra mundo, por lo que la siguiente vez que recibas una refrescante brisa en un caluroso día de verano, o tu paraguas se rompa al abrirlo bajo un fuerte temporal, recuerda que todo ello es generado por nuestro olvidado e invisible compañero de viaje: el viento.
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