Grecia era el problema, Irlanda el milagro: Así se fabrican los relatos económicos

Artículo basado en el libro: "Pescar el Salmón: Bulos, narrativas y poder en la prensa económica" de Yago Álvarez Barba.

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Los medios de comunicación nunca han sido objetivos y, de hecho, cada vez lo son menos. Estos medios nunca han sido simples comunicadores de noticias, sino que han actuado como actores políticos y herramientas ideológicas. Aunque existan excepciones, la mayoría de medios y todos los grupos de comunicación se han construido como una estrategia para imponer la ideología liberal hegemónica y para proteger los intereses de las élites que representan sus accionistas, sus acreedores y sus clientes de publicidad. Para ello, estos medios tratan de influir en la opinión pública de diversas maneras, pero la más efectiva es la creación de narrativas compuestas de historias, noticias, relatos, sesgos, predicciones e intereses que tratan de explicar la realidad desde su particular punto de vista o, más bien, desde el punto de vista de sus fuentes de financiación. Tratan de crear historias que convenzan. No se trata de los hechos, sino de las historias, narrativas verosímiles pero con hechos difícilmente comprobables. No se basan en argumentos, sino en emociones. El Premio Nobel de Economía Robert J. Shiller en su libro “Narrativas económicas” analiza estos relatos como si de virus se tratasen. Propone el estudio de la viralidad de estas ideas y sus impactos en la economía para corregir sus consecuencias o poder hacerlas frente. Pero en este artículo (y el libro en el que se basa) nos centraremos en cómo una narrativa en concreto es creada de forma interesada para influir en la opinión pública y en sus inclinaciones políticas y de voto. Concretamente, veremos cómo la prensa ha tratado de demonizar a un país y glorificar otro según sus intereses, creando euforia o miedo por conveniencia.

Los medios de comunicación de masas son la vía por la que accedemos a la información del resto de países. Sin embargo, esta información relativa a la política, la sociedad o la economía de un determinado país, no es vertida en bruto a los medios de comunicación, sino que pasa una serie de filtros acordes a la línea editorial del medio que, casualmente, siempre suele estar alineada con la ideología hegemónica que defienden sus fuentes de financiación. Cuando la intención es demonizar las políticas de un país para relacionarlo con algún partido político o ideología, las noticias negativas sobre ese país (nunca las positivas) inundan los diarios y programas de los grandes medios. Y si, por el contrario, la intención es mostrar las bondades de ciertas políticas de un país, la mayoría de veces relacionadas con la laxitud fiscal para las empresas, los artículos que tratan a esta nación de forma positiva se multiplicarán. Es decir, el trato que los medios le dan a un país, dependen de la orientación política de su Gobierno y de sus implicaciones geopolíticas respecto a los intereses de las grandes empresas que, casualmente, son anunciantes o accionistas de esos mismos medios de comunicación. Un ejemplo paradigmático de este caso lo podemos encontrar en la crisis de Grecia. Esta crisis arrancó en 2009 como una consecuencia directa de la burbuja inmobiliaria originada por los productos derivados financieros creados al otro lado del charco, nada tenía que ver con los griegos. No obstante, no fue hasta que un Gobierno de izquierdas tomó el mando que los medios de comunicación de otros países pusieron en el punto de mira al país heleno.

Robert J. Shiller, Premio Nobel de Economía en 2013 (Fuente: The New York Times)

En 2022, el profesor universitario de lingüística Ismael Ramos Ruiz publicó un estudio titulado: “La cobertura mediática de las crisis griega de 2009: el discurso económico de la prensa digital española”. En este estudio Ramos seleccionó los dos medios económicos de mayor tirada de España, Cinco Días y Expansión, que a su vez pertenecían a los dos principales grupos mediáticos: Grupo Prisa y Unidad Editorial. En el estudio se analizaron 710 artículos del medio Cinco Días y 945 de Expansión, en un periodo comprendido entre 2008 (año de origen de la crisis) y 2018. Sorprendentemente, los artículos sobre la crisis griega no empezaron a aparecer hasta 2012, pese a que en 2010 el Gobierno del PASOK (socio europeo del PSOE) pidió un rescate de 110.000 millones de euros, tras sacar a la luz que el partido Nueva Democracia (socio europeo del PP) había mentido y maquillado las cuentas públicas. En 2011, la Troika designó a un tecnócrata, Lukas Papadimos, como primer ministro tras un pacto con el bipartidismo para aplicar medidas de austeridad. Cuando las medidas de austeridad no funcionaron, en 2012 se volvió a pedir otro rescate por valor de 130.000 millones de euros. En ese mismo año, solo se publicaron 38 de los 1.655 artículos sobre la crisis griega analizados, la mayoría en Cinco Días. A estos grandes medios no les pareció que el pueblo español debiese conocer el fracaso de las medidas de austeridad. De hecho, el Gobierno del PP de entonces trataba de imponer el relato de que la austeridad era necesaria y el menor de los males. ¿Coincidencia?, no lo creo. Pero la cosa cambió en 2013: Expansión publicó 243 artículos sobre la crisis griega y Cinco Días solo 2. El año siguiente, pese a que el Gobierno de izquierdas no tuvo que pedir ningún rescate, se publicaron 289 artículos sobre la crisis griega. ¿Qué pudo generar un aumento tan repentino y exponencial de los artículos sobre esta cuestión? Dos fenómenos fueron los responsables: en Grecia las encuestas daban a Syriza, con su discurso antiausteridad, la esperanza de ganar las elecciones del siguiente año; en España nacía la formación Podemos, que irrumpió con fuerza en las elecciones europeas y mostraba similitudes ideológicas con el partido griego. En 2015, tras la victoria de Syriza y la solicitud de un nuevo rescate por valor de 83.000 millones de euros, los medios analizados publicaron un total de 601 artículos sobre la crisis griega, con el medio Cinco Días publicando más de 1 artículo al día. No hace falta ser un lince para comprobar que estos medios de comunicación hablaban de la crisis griega sólo cuando les convenía atendiendo exclusivamente a los intereses de sus amos financieros.

Mientras que el ejemplo de la crisis griega muestra cómo las noticias y artículos negativos de los medios se disparan solo cuando en un país extranjero Gobierna la izquierda, también existen relatos positivos que parecen cuando los medios pretenden favorecer un giro en la opinión pública hacia posturas más permisivas de un determinado país. Un ejemplo característico muy presente en la prensa española es el caso de Irlanda. El país hace años que adoptó una política fiscal tan laxa que organizaciones internacionales como Tax Justice Network o Oxfam Intermon lo calificaron como un paraíso fiscal en el interior de la Unión Europea. Según la Tax Justice Network, que coloca a Irlanda en undécimo puesto de paraísos fiscales más lesivos para el resto de países, la república irlandesa cuesta al resto de países más de 19.000 millones de dólares al año en pérdidas de ingresos fiscales debido a su fiscalidad laxa con las grandes multinacionales. Lógicamente, estas ventajas fiscales atraen a un gran número de empresas como los gigantes tecnológicos estadounidenses que sitúan sus filiales europeas en el país. En Irlanda pueden facturar todas las ventas de la Unión Europea o transferir beneficios desde filiales de otros países a la matriz irlandesa para adelgazar enormemente su carga tributaria. Aunque estas técnicas de elusión fiscal tienden a inflar el PIB de manera artificial, la riqueza generada no se queda en el país. En la mayoría de los casos, los beneficios restantes tras la tributación se trasladan a otros paraísos fiscales como Luxemburgo o Bahamas, o pasan directamente a los accionistas de la empresa madre en EE.UU. Aunque es evidente que el PIB está distorsionado, la prensa económica lo ignora y lo utiliza como dato para defender su relato de que la reducción de impuestos a las grandes empresas genera crecimiento económico, un crecimiento que, según estos medios, benefician a toda la población. De hecho, las propias autoridades irlandesas reconocen que esto no es así y emplean otros indicadores distintos al PIB per cápita (también distorsionado) para medir la riqueza de sus ciudadanos. Pero a la prensa económica le da igual, solo tratan de defender su relato o, mejor dicho, el de sus fuentes de financiación.

Número de artículos analizados en el estudio de Ismael Ramos Ruiz (Fuente: Revista Estudios del Discurso Digital (REDD), 5 (2022): 105-122

En 2021, El Banco Central de Irlanda publicó un documento titulado: “¿Es Irlanda realmente el país más próspero de Europa?” firmado por el exgobernador del propio Banco Central del país entre 2015 y 2019. El documento arranca con lo que la prensa económica obvia: “Las conocidas distorsiones que afectan al PIB irlandés”, dice en referencia a lo que las multinacionales contabilizan en el país por lo que obtienen en otros territorios, “complica las comparaciones internacionales”. Luego continúa: “Irlanda es un país próspero, pero los datos del PIB per cápita engañan al situarlo en segundo lugar de la UE, solo por detrás de Luxemburgo”. Luego, el exgobernador del Banco Central de Irlanda crítica sin darse cuenta a la prensa económica al afirmar que cualquier “estudio serio” debería tener en cuenta múltiples indicadores y no solo el PIB per cápita para hablar sobre la prosperidad de Irlanda. El documento también revela que la economía irlandesa se volvió a estancar con la pandemia pero que es probable que haya evolucionado mejor que las demás economías avanzadas. Sin embargo, la verdadera causa de ese incremento, según explica el documento, es “el aumento de las exportaciones de productos farmacéuticos (el país cuenta con más de 120 grupos farmacéuticos atraídos por las ventajas fiscales) y de las empresas tecnológicas multinacionales”, para luego mencionar que esas cifras “enmascaran el fuerte desplome del empleo y la actividad económica en la mayoría de los sectores”. Es decir, que el PIB irlandés lleva años distorsionado pero ese dato no impide que la crisis del COVID-19 afecte a la población en forma de aumento del desempleo. No obstante, esta realidad es contraria al relato de que bajar impuestos es garantía de crecimiento y aumento de empleo, y por esa misma razón, estas distorsiones son sistemáticamente obviadas por los medios de comunicación, aunque no por todos. Para algunos medios es imposible obviar lo que señala el propio Banco Central de Irlanda, pero lo que sí pueden hacer es incluir las espectaculares cifras que defienden el relato en los titulares, para luego explicar la realidad en el cuerpo de la noticia. Si el lector solo lee el titular, algo que ocurre muy a menudo sobre todo en las redes sociales, la falsa narrativa se expande. Esta estrategia es bien conocida por uno de los medios económicos de mayor relevancia en España: El Economista.

En noviembre de 2021, El Economista publicaba una noticia titulada: “El extraño milagro de Irlanda: un 20% más rica y con menos deuda pública tras la crisis del covid”. El artículo arranca con la afirmación sensacionalista de que “lo de Irlanda es un milagro” o “Los irlandeses terminan este año siendo un 20% más ricos que antes del covid”. Para después, abandonado el sensacionalismo y empleando una jerga económica no tan fácil de comprender, explicar el inflado artificial del PIB que no se corresponde con la realidad de los irlandeses. Luego también tenemos otros medios que directamente no tienen vergüenza, como el periódico del grupo fundado por Federico Jiménez Losantos, “Libre Mercado” que publicó un artículo bajo el título: “Bajar impuestos funciona: el milagro irlandés sigue premiando su economía”, para luego ignorar por completo lo que hasta el Banco Central de Irlanda señalaba, periodismo del bueno...

Como ya nos advirtió el Premio Nobel de Economía Robert J. Shiller, las narrativas económicas no compiten por ser verdaderas, sino por ser virales. Grecia e Irlanda no son más que un ejemplo de ello. Mientras una fue presentada con una sobreproducción ridícula de artículos como un fracaso de determinadas políticas, la otra fue elevada a la categoría de milagro económico en base a datos distorsionados. Sin embargo, detrás de ambos relatos encontramos el mismo fenómeno: una selección interesada de los hechos para construir una historia que resulte políticamente útil. Y cuando los ciudadanos confunden estos relatos con la realidad, es cuando la narrativa cumple su función.

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