Groenlandia: Riqueza bajo el hielo, ruina para los inuit

Artículo basado en el libro: “Guerra Blanca: En el frente Ártico del conflicto mundial” de Mario G. Mian.

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A pesar de que en los últimos años han aparecido multitud de negacionistas del cambio climático, la realidad es que, desde la Revolución Industrial, la temperatura de nuestro planeta no ha parado de crecer. Desde 1850, la temperatura media global ha ascendido entre 1 y 1,5 ºC, concentrándose la mayor parte de este aumento desde 1970. Y es la región ártica la que está pagando el precio más alto del mundo por los efectos de este cambio climático. De hecho, el Ártico se está calentando 3 veces más rápido que el resto del planeta. No obstante, por estas mismas razones, el Ártico se está convirtiendo en el lugar que ofrece las mayores oportunidades de poder y conquista. El Ártico permitirá mantener en marcha la maquinaria del crecimiento productivo y del mercado, condiciones sin las cuales el capitalismo se estrella. El valor estimado del petróleo y el gas de esta región asciende a los 18 billones de dólares, el equivalente a toda la economía de Estados Unidos. El Ártico alberga 90.000 millones de barriles de petróleo, el 40% de las reservas mundiales de combustibles fósiles, el 30% de todos los recursos naturales, tierras raras por valor de 2 billones y 500.000 millones de dólares anuales en pesca. Estos suculentos recursos han desencadenado lo que se conoce como “polar rush”, la carrera entre Estados y corporaciones por apropiarse del botín de riquezas que ahora se están volviendo accesible en la región gracias al deshielo.

Groenlandia (Kalaallit Nunaat o la Tierra del Hombre del Norte) cuenta con 2 millones de kilómetros cuadrados (la mitad de la Unión Europea), un 85% cubierto por el casquete polar inmerso en una desaparición acelerada. Sin embargo, esta remota e inmensa isla está habitada únicamente por 57.000 habitantes, de los que un 88-90% son inuit o Kalaallit (Hombres del Norte). Y son precisamente estas personas las que están sufriendo más por el deshielo consecuencia del cambio climático. Por ejemplo, en el noreste de la isla, los inuit ya no pueden usar sus característicos trineos de perros a partir de marzo, ya que la banquisa o hielo marino flotante (pack ice) se ha convertido en una papilla infranqueable. Desde 2011, cada año desaparecen en Groenlandia 375.000 millones de toneladas de hielo, el equivalente a un cubo de 8 kilómetros de lado o 400 millones de piscinas olímpicas. Si toda Groenlandia se derritiera, el nivel del mar subiría nada más y nada menos que 8 metros. La isla más grande del mundo está compuesta por agua dulce congelada, último vestigio de la última era glaciar, cuando glaciares de varios kilómetros de altura cubrían no sólo Groenlandia, sino también amplias zonas del hemisferio norte. En la mayor parte de estas regiones (Canadá, Escandinavia, Nueva Inglaterra, y la parte superior del Medio Oeste estadounidense) el hielo se fundió hace 10.000 años, pero Groenlandia resiste, por ahora. La isla es prácticamente un cuenco, bordeada por montañas y en el centro un congelador lleno de hielo. De hecho, Groenlandia podría no ser una isla, sino un archipiélago de islotes unidos por el hielo. En el fondo del cuenco podría haber simplemente mar. Esta enorme capa de hielo, formada con la nieva caída año tras año desde hace 150.000 años, presenta en su centro un espesor de unos 3 kilómetros, lo que hace que su masa sea tan enorme que deforma la Tierra, empujando el sustrato rocoso de la corteza varios miles de metros hacía el manto. De hecho, su atracción gravitatoria influye en la distribución de los océanos. Pero por desgracia para nosotros, esta capa de hielo está empezando a menguar. En agosto de 2021, en la Summit Station (una estación científica situada en el centro de la capa de hielo) se registró por primera vez en la historia la caída de lluvia en lugar de nieve, algo tan anómalo como si nevara en el Sáhara.

Evolución del deshielo de Groenlandia 1996-2007 (Fuente: Collapse)

El deshielo no sólo está causado por el aumento de las temperaturas, sino por varios mecanismos que se retroalimentan y desencadenan continuamente otros nuevos. Por ejemplo, cuando el agua del deshielo se acumula en la superficie, absorbe más rayos solares que el propio hielo, lo que hace que se caliente más y se derritan más rápidamente las capas inferiores en una suerte de “canibalismo del deshielo”. Además, también debemos tener en cuenta el efecto albedo, el fenómeno por el cual la superficie refleja parte de las radiaciones solares que recibe. En el caso de la nieve, debido a su color blanco, refleja la mayoría de las radiaciones que le inciden, mientras que la tierra, debido a su color más oscuro, absorbe mayor cantidad de estas radiaciones, aumentando su temperatura. Por otro lado, toda esta agua procedente del deshielo, lubrica la base de los glaciares de Groenlandia, acelerando su desplazamiento hacía el océano y el desprendimiento de grandes bloques. El glaciar Jakobshavn, que siempre ha sido una fábrica de icebergs, como el que se cruzó en el camino del Titanic en 1912, está dejando de generar estos enormes bloques de hielo. A mediados del siglo XIX, su línea de desprendimiento de bloques había retrocedido 15 kilómetros, y en los 150 años siguientes, retrocedió otros 20. En los años 90, el lento retroceso se convirtió en una retirada acelerada. Entre 2001 y 2006 el frente retrocedió 14 kilómetros y en los últimos 15 años ha cedido más terreno que en todo el siglo anterior. Desde los años 90, el retroceso del glaciar Jakobshavn ha triplicado su velocidad. El verano de 2012 fue el primero en el que se batieron todos los récords desde que existen mediciones, retrocedió a una velocidad de 45 metros por día, unos 2 metros a la hora.

Como ya se ha mencionado, a pesar de lo dramático de la situación del deshielo de Groenlandia, también se está abriendo un enorme abanico de posibilidades para explotar los abundantes recursos ocultos bajo el hielo. Posibilidades que están siendo explotadas por corporaciones mineras como la australiana GME (Greenland Minerals and Energy) que hace un par de años comenzó las perforaciones en la meseta de Kvanefjeld, situada en el sur de Groenlandia cerca de la localidad de Narssaq, donde se ha descubierto el mayor yacimiento de uranio y tierras raras del mundo. Sin embargo, la riqueza de unos se construye con la pobreza de otros, y son muchos los que se oponen a las actividades de este tipo de empresas. Niels, un inuit empleado de la compañía de procesamiento de pescados de Narssaq comenta: “Quiero que mis hijos y los hijos de mis hijos vivan aquí para siempre; vivir aquí es una felicidad que no tiene precio. Pero si abren la mina, me iré. Pero ellos solo piensan en las minas. Dicen que es la única forma de independizarnos de los daneses lo antes posible, pero ¿de qué sirve la independencia si estaremos gobernados por grandes compañías mineras, respirando veneno y habiendo perdido el alma?”. Aunque GME ya ha avanzado con el proyecto, están esperando la luz verde del gobierno para comenzar la explotación. Toda la infraestructura logística está lista gracias a inversiones preliminares por más de 100 millones de euros. Cuando la operación se ponga en marcha, el golfo, liberado de los icebergs, servirá para enviar enormes cargueros transárticos con material radiactivo hacia China. La empresa GME, a pesar de ser australiana, es propiedad en un 12% de la empresa china Shenghe Resources Holding Ltd., quien tiene la opción de aumentar su participación en un 60% al inicio de la explotación. La mayor mina a cielo abierto de uranio y tierras raras del mundo, de eso es de lo que va el conflicto por Groenlandia.

Territorios con licencias para la explotación minera cerca de la ciudad de Narssaq (Groenlandia) a fecha de 2020 (Fuente: El Salto)

Las rocas del complejo donde se encuentra Kvanefjeld se formaron hace unos 1.160 millones de años, en el final de Mesoproterozoico, en las raíces de uno de los varios continentes de los que Groenlandia ha formado parte durante su deambular de un extremo al otro del globo; y gracias a repetidas inyecciones de magma que luego se solidificaron muy lentamente, en condiciones fisicoquímicas que permitieron una interacción continua entre distintas fases minerales. Así, con el tiempo, los diferentes minerales que se formaron a partir del lento enfriamiento de una de las intrusiones pudieron reaccionar entre sí y con las rocas circundantes, y ser reabsorbidos y modificados por las intrusiones posteriores. De esta forma se originó un yacimiento sin igual en el planeta. Hoy estos minerales de un incalculable valor económico están expuestos más o menos en la superficie. Sin embargo, para desgracia de los 1.300 habitantes de Narssaq, algunos de estos minerales son radioactivos. “A veces es mejor no tener un contador Geiger. Cuando ves dispararse los niveles de radioactividad, es difícil mantener la calma” comenta Ib Luaursen, el danés que trabaja como director de operaciones de la mina. “Que quede claro, esto no será una mina de uranio, sino de tierras raras. El uranio representará sólo el 10% del valor total, pero es imposible evitar la producción de residuos radiactivos. No se puede hacer una tortilla sin romper los huevos” añade. Actualmente, China no solo posee el monopolio de las tierras raras, también posee la fórmula para separar los 17 elementos que las constituyen de los minerales de la mina. Algunos de estos 17 elementos se encuentran en cualquier dispositivo electrónico, se emplean para crear los superimanes de las turbinas eólicas y baterías de los coches híbridos. Por lo tanto, Groenlandia, en lugar de ser una víctima pasiva del calentamiento global, podrá contribuir a la transición energética en la que nos vemos inmersos. Sin embargo, como es lógico, los residuos radiactivos de la mina preocupan a los habitantes de Narssaq, pero Laursen afirma que las preocupaciones de que se propagan los polvos radioactivos son absurdas, y explica que se excavará un complejo de túneles por donde se transportarán los residuos desde el yacimiento hasta el lago Taser, situado en el altiplano de otro fiordo cercano. “Permanecerán almacenados en el fondo, a 38 metros de profundidad, durante al menos 100 años” garantiza Laursen. Además, el director de operaciones de la mina afirma que se construirá una presa subterránea para evitar la dispersión de los residuos a través de las corrientes subterráneas, y que se vertirá agua pulverizada para evitar la difusión del polvo venenoso de fluorita. “Aquí todos temen por las fuentes de agua, los pastos, la pesca… Patrañas. En Narssaq pueden estar tranquilos: el agua será segura, la mina será segura. Groenlandia ingresará más de 200 millones de dólares anuales en impuestos gracias a GME. Si quiere la independencia, está obligada a abrir esta puta caja fuerte”.

Desde 2017 hasta 2021, el gobierno de Groenlandia estaba compuesto por el partido de corte conservadora y populista Siumut, y el partido de centroizquierda Inuit Ataqatigiit, unidos en nombre de la extracción minera como vía para obtener la independencia de Dinamarca. En 1979, Groenlandia negoció el derecho al autogobierno con los daneses, lo que les permitió la creación de varias instituciones democráticas. En 2009, Copenhague reconoció a Nuuk (la capital) el derecho de autodeterminación y el control sobre sus propios recursos: gas, petróleo, zinc, cobre, hierro, níquel, oro, platino, rubíes, zafiros, diamantes… Todos excepto el uranio, considerado un recurso de interés estratégico nacional. Sin embargo, en 2014, por un solo voto, el Parlamento aprobó la extracción y exportación de uranio. Aunque Groenlandia quizás sea ya una nación, aún no es un Estado-nación. Dinamarca sigue transfiriendo una subvención anual de 600 millones de euros, que representa un tercio del PIB de la isla: unos 12.000 euros por habitante, a un fondo sin el cual los inuit no podrían sostener escuelas, hospitales, transporte público o los subsidios de desempleo. Si algún día Groenlandia ingresa impuestos y royalties procedentes de la minería, el fondo danés se irá reduciendo progresivamente; no obstante, incluso si el fondo se eliminase por completo, los beneficios de la explotación minera deberían ser compartidos por groenlandeses y daneses. Pero la mayoría de los habitantes de Groenlandia no desea esos repartos, sino la independencia total. Por ello, la posición de muchos políticos de la isla se centra en renunciar al fondo del Reino de Dinamarca y conceder el mayor número posible de permisos de extracción minera a las grandes corporaciones internacionales. Y es precisamente esto lo que está ocurriendo. La empresa sueca LKAB extrae olivino para la industria siderúrgica, la canadiense Quadra FMX Mining extrae molibdeno; australianos, británicos y estadounidenses invierten en el zinc, cada vez más asequible gracias al deshielo. La noruega LNS ha reactivado una mina de rubíes. Mientras tanto, las gigantes internacionales de la minería como BHP Billiton, AngloAmerican, Rio Tinto o Xstrata, están explorando el terreno con perforaciones y sondeos, pero sobre todo actúan en el frente político, con intensas operaciones de lobby en casi todos los ministerios de la nación groenlandesa.

Protestas en Nuuk por las minas de uranio del complejo de Kvanefjeld (Fuente: El Salto Diario)

“Hay que besar muchos sapos antes de encontrar un príncipe. Groenlandia se convertirá en Minalandia” comenta un exprofesor de geología de Johannesburgo enviado por la empresa sudafricana Impala Platinum Holdings Limited. “Llegarán miles de mineros, pero también cientos de ingenieros, porque estos indígenas solo saben usar el arpón. Es obvio que apoyamos la independencia, porque sin nosotros, los inuit no irán a ninguna parte” añade. Según el United States Geological Survey, tan solo en el noreste de la isla se esconden 32.000 millones de barriles de petróleo. En una tierra donde, hasta hace apenas 20 años, el idioma indígena no contemplaba una numeración superior al veinte (el número de focas que se asignaba a cada cazador de la comunidad), hoy se cuenta a lo grande, en miles de millones.

Hasta finales de 2015 no hubo intervenciones chinas en Groenlandia, pero en 2016 comenzó una ofensiva masiva (gracias a la complicidad de los independentistas del gobierno) que culminó con la entrada en el accionariado de la empresa GME que aspira a la concesión y explotación del complejo minero de Kvanefjeld. La mina más septentrional del mundo, y el asentamiento humano más al norte, ya es china. Se trata de un yacimiento inmenso de zinc descubierto tras la retirada del glaciar. La empresa china Nonferrus Metal Mining Group se ha comprometido a construir una aldea para alojar a 400 mineros chinos y a transportar y procesar en China un tercio del material bruto. En cambio, fracasó en el último momento en el intento de adquirir la antigua base naval de Kangilinnguit, fundada por la marina estadounidense en 1942, heredada por Dinamarca en 1951 y clausurada en 2014. Cuando algunos medios escandinavos divulgaron la noticia de la oferta china, Copenhague emitió una nota anunciando “la restauración de las fuerzas militares del Reino de Grønnedal”, el nombre danés de la base. Además, gracias a la participación de un ministro groenlandés, también se renegoció el tratado entre EE.UU. y Dinamarca de 1951, concediendo a los estadounidenses un control total sobre la base de Thule, una de las bases militares más importantes del mundo, equipada con un sistema de intercepción de misiles intercontinentales y el “gran oído” del Pentágono sobre Rusia y Oriente Medio. De hecho, fue desde esta base donde se coordinó la operación de captura de Sadam Husein. No obstante el gobierno de Groenlandia se está vendiendo al mejor postor para alcanzar su independencia. Uno de los ministros del partido Siumut no oculta su afinidad de intereses con los chinos “Necesitamos su capital y ellos necesitan nuestro pescado y nuestros minerales. Sin duda, aspiran a tener un papel relevante en el Ártico. Y eso molesta a Dinamarca, a la Unión Europea, a la OTAN y, sobre todo, a los Estados Unidos. Para nosotros, lo que importa es poder dirigir una política exterior y de seguridad independiente. En los próximos años asistiremos a un enfrentamiento final con Copenhague: les guste o no, saldremos del Reino, tendremos el control total de lo que ocurra dentro y alrededor de Groenlandia. Llevamos aquí 5.000 años. Ningún otro pueblo habría sobrevivido en las mismas condiciones y estamos orgullosos de eso: reivindicamos nuestra identidad y nuestra cultura, y ha llegado la hora de recuperarla soberanía total sobre nuestra tierra”.

Localización de los principales recursos mineros de Groenlandia (Fuente: The Wall Street Journal)

“Groenlandia siempre ha sido un activo para Dinamarca. No será como la pérdida de Islandia o de las islas Feroe, será una tragedia nacional. Y, en cierto modo, también europea, porque a través de nosotros Bruselas mantiene anclada la valiosa Groenlandia a esta parte del Atlántico” comentó Ulrik Pram Gad, politólogo de la universidad de Aalborg, en la Jutlandia danesa. “Ahora es un patrimonio minero y geopolítico irrenunciable, pero en el pasado, tras la Segunda Guerra Mundial, la colonia ártica sirvió a los daneses como regalo a Estados Unidos para que les perdonara su cercanía a la Alemania nazi. El acuerdo consistía en poner Groenlandia a disposición a cambio de una participación casi gratuita de Dinamarca en la OTAN, aunque Donald Trump amenazó con retirar esa exención si Copenhague no ofrecía una colaboración plena en apoyo a los intereses estadounidenses en Groenlandia” añade. Ulrik también habla sobre las vicisitudes que sufren los autóctonos: “Unos 18.000 groenlandeses viven aquí, en Dinamarca. Pero son muy pocos los que logran integrarse, pagan el precio de las tensiones. Todo está conectado, El deshielo también pone al descubierto el pasado, los venenos, los reproches por la presencia danesa en el Ártico”. A pesar de esta silenciosa colonización, los daneses se han librado de la demonización habitual de los imperios coloniales. Puede que debido a que Dinamarca no se fijó en los pueblos africanos sino en un frío e inhóspito lugar del Norte. Sin embargo, los estragos de la colonización son palpables. “Fue una masacre psicológica, la disgregación de una comunidad milenaria” menciona Lene Kielsen Holm, una antropóloga del Instituto Groenlandés de Recursos Naturales. “Nos quitaron la lengua, nuestra religión animista, prohibieron a nuestros chamanes, nos obligaron a vivir en un mundo separado en el que no era posible aspirar a una mejora social. Fue una segregación no violenta, pero científica, constante. Que aún no ha terminado, porque toda la posición del poder real, especialmente donde entran en juego los intereses económicos daneses, sigue estando en sus manos”. Lene es una de las pocas científicas inuit que estudia la percepción del cambio climático en las comunidades del norte, en particular en un pueblo de cazadores creado en los años cincuenta cuando el gobierno danés desplazó por la fuerza a los habitantes de Thule para permitir a los estadounidenses instalar una base militar. “Las disculpas y compensaciones por parte de Copenhague no llegaron hasta hace apenas diez años” añade.

En 2022 se reveló que en la década de los 60 y 70, los daneses impusieron un programa secreto para el control de la natalidad, implantando en miles de mujeres, adolescentes e incluso niñas inuit dispositivos intrauterinos como medida anticonceptiva preventiva. Una campaña estatal para frenar el crecimiento demográfico de la colonia y contener el aumento del gasto público. Un abuso que se ha convertido en un tema controvertido en las comunidades, y que solo ahora empieza a salir a la luz gracias a la investigación de una revista feminista groenlandesa. Entre los testimonios figura el de Naja Lyberth, que recuerda que a los trece años, durante una revisión médica rutinaria en la escuela, el médico le ordenó que se presentara en el hospital, donde le implantaron un DIU. “No tenían idea de lo que era, porque el médico no me explicó nada ni pidió mi consentimiento. Tenía miedo, pero no podía contárselo a mis padres. Nunca había ni siquiera besado a un chico” menciona la testigo. La Investigación periodística reveló que al menos 4.500 mujeres inuit de Groenlandia (algunas menores de 12 años) fueron sometidas contra su voluntad a esta barbarie entre 1966 y 1970. En en el Parlamento de Nuuk se está elaborando un documento en el que se habla de “genocidio”, porque miles de groenlandesas jamás llegaron a nacer. La reconciliación se considera imposible sin compensaciones adecuadas y un acto oficial de disculpa. En Dinamarca, el escándalo conmocionó la opinión pública y colocó a la nación frente a un drama al tener que enfrentarse a su pasado colonial justo en el momento en el que Groenlandia se convertía en una mina de oro para sus arcas públicas.

En diez años, Narssaq ha perdido un 10% de su población y registra la tasa de desempleo más alta de Groenlandia. 300 trabajadores en paro de 1.400 habitantes, prácticamente todos los cabezas de familia, Todos despedidos de la planta de procesamiento de gambas. Ahora solo les quedan los enormes barcos-fábrica donde capturan 110 toneladas de gambas en 10 días en el mar, medio euro por kilo como coste de mercado, frente a los 2 euros por kilo de la producción costera. La compañía estatal con monopolio sobre la pesca de gambas, gestionada por una dirección danesa, ha cerrado las plantas en los asentamientos e invertido en grandes arrastreros para hacer frente a los precios de mercado global. La gran estafa para los inuit se percibe al observar que aunque las gambas, el bacalao y el fletán siguen representando el 93% de las exportaciones groenlandesas, el retorno fiscal para las arcas nacionales es solo del 10% del total recaudado. Por ello, resulta lógico que a estas alturas cualquiera medio de supervivencia sea aceptable, incluso la mina. A pesar de ello, al entrar en Qassiarsuk, un poblado cercano a Narsaq, se puede observar ondeando una sábana con la inscripción: “Urani? Naamik” (Uranio, no gracias). En la región, la cría de corderos para carne iba viento en popa, incluso vendía a los lujosos restaurantes de Copenhague como el Noma, pero ahora el futuro e incierto, “¿Cómo vamos a usar el agua donde se almacenarán los residuos radiactivos?” se pregunta Klaus Frederiksen que, junto a su esposa, pastorean 600 ovejas en 27 hectáreas. Los efectos del cambio climático provocan sequías de hasta 6 meses en la zona, lo que obliga a Klaus a importar heno desde Dinamarca. “Antes bastaban 300 ovejas para mantener a una familia, ahora se necesitan al menos 500”. Hasta que un día llegaron los de la mina. “Reunieron a la comunidad en la escuela, eran tres mujeres y un hombre, todos daneses” comenta Klaus. “Nos dijeron que la mina traería prosperidad, que llegaría gente, que venderíamos mucha carne. El hombre explicó que el polvo radiactivo sería eliminado con un sistema de pulverización de agua… A lo que le respondía que estamos en Groenlandia y que en invierno es bastante probable que esas pulverizaciones se congelen al instante… Me aseguró que la respuesta estaba en el estudio de impacto ambiental. Aquí sopla el viento 300 días al año, el polvo radiactivo se dispersará por todo el sur de Groenlandia. En el mundo, nuestra imagen ya no estará asociada al oso polar, sino al uranio”. Klaus recuerda que en una reunión informativa con la empresa minera, un vecino preguntó si era posible que una mina a cielo abierto no contamine, a lo que el más anciano de los ponentes contestó: “Que tontería, nunca ha existido una mina sin contaminación”.

Fotografía aérea de la ciudad de Narssaq, Groenlandia (Fuente: Wikipedia)

Nadie conoce mejor la miseria que aflige al pueblo Qassiarsuk que la directora del instituto Ivalo Motzfeldt. El 50% de los chicos abandonan los estudios antes de los 16 años. El desempleo ronda el 50%, el más alto del país. “Muchos niños pasan hambre, no pueden permanecer sentados en clase, y la prefectura ha recortado el comedor escolar. Aumentan los casos de violencia doméstica, alcoholismo y abusos sexuales” comenta la directora. El instituto presenta una sala de emergencias donde acogen a los alumnos incluso por la noche, para protegerlos de sus padres. “Pero la solución no es la mina. El cambio climático puede impulsar una nueva agricultura, o el turismo. He oído que el año próximo están previstas unas 50 escalas de cruceros, unos 50.000 turistas. Mejor la miseria que la mina. Cuando hayas pescado el último pez y el agua esté contaminada, no podrás comerte el dinero” afirma la directora con tono perentorio. Una visita al cementerio del pueblo es suficiente para entender la coyuntura de la región, donde se albergan los cuerpos de las docenas de jóvenes que se quitan la vida en proporciones sin comparación en el mundo entero. En la primavera de 2021, 4 jóvenes menores de 20 años se quitaron la vida en un solo mes. “No son accidentes de tráfico. Nos sentimos inútiles en la comunidad, inadecuados ante la globalización que llega como un tornado, extranjeros en un entorno que ya no comprendemos. De mi clase del instituto, hasta ahora se han ahorcado cinco. Pero la mina será aún peor, nos iremos a miles, de un modo u otro” menciona Paninnguag Lind Jensen, que ostenta un estudio de tatuajes. La población indígena del Ártico tiene la tasa de suicidios más alta del mundo. En proporción, es como si en Italia se suicidaran 60.000 personas al año, una auténtica masacre. “No es por la oscuridad, como dicen, ni por el alcohol. Es por la globalización y la tecnología, créeme. Nos sentimos inútiles, somos demasiado inadecuados para lo que llega de fuera” comenta un jóven de la región que ahora vive en Nuuk, y que también pensó en acabar con su vida como varios de sus compañeros de instituto. Y no solo las iniciativas de explotación como la minera son las que están acabando con el pueblo inuit, también otra iniciativas más noble en apariencia están exterminando su modo de vida.

En los años 80, la actriz y animalista Brigitte Bardot emprendió una campaña contra la matanza de crías de foca en Terranova, en el Ártico canadiense. Nada tenía que ver con la caza de focas en Groenlandia, donde la venta de pieles de animales adultos, cazados para alimentarse, era vital para la supervivencia de los inuit. Las presiones de los ecologistas, muchos de los cuales aún hoy ignoran que en Groenlandia vive un pueblo que ha habitado los hielos durante miles de años y que no puede pasar de la caza a la agricultura ecológica, llevaron a Europa a bloquear las importaciones de pieles de foca desde Groenlandia. Algo vivido por los inuits de todo el Ártico occidental como una injusticia y un insulto a su modo de vida. Porque la caza es el eje de su existencia: es alimento, unión social y plegaria. No hay crueldad, dicen, sino acopio del único alimento concebible, el único que su cuerpo puede asimilar para resistir en esas condiciones. La caza de subsistencia fue concedida por los Gobiernos ocupantes mediante acuerdos firmados hace décadas y controles sobre las cuotas de caza. “Si hoy estamos obligados a ser mineros es por culpa suya” menciona un cazador de la zona en referencia a Brigitte Bardot.

¿Cuánto tiempo podrá durar esta disonancia cultural en el Nuevo Ártico del siglo XXI? El antiguo aislamiento se desvanece conforme el hielo se derrite presa del cambio climático. Los intereses mineros han engullido a esta milenaria cultura en su insaciable hambre de globalización. Mientras tanto, los inuit ahogan su angustia vital en el fondo de una botella o, lo que es peor, en el final de una soga. Su modo de vida molesta tanto a las empresas mineras como a los ecologistas, pero la triste realidad es que los únicos que pierden con la nueva realidad del Ártico son los inuit, un pueblo olvidado en su propia tierra.

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