Las formas más extrañas de alimentarse en el reino animal
Artículo basado en el libro: "Hombre y Animal" de Lorenz, Tinbergen, Von Frisch y otros.
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La comida se ha vuelto un ámbito indisociable de nuestra cultura. La gastronomía representa una parte identitaria de cada grupo humano y el acto de comer se ha convertido en algo que va mucho más allá de la obtención de los nutrientes necesarios para la supervivencia; se trata de un acto social en el que las personas se congregan alrededor de una mesa como un mecanismo tribal de sociabilidad. El hecho de quedar con amigos o familiares para cenar o almorzar se ha convertido en un asunto complicado. Es necesario discutir y elegir el menú entre la miríada de obras culinarias que ha desarrollado la cultura humana, luego viene la preparación del alimento con una gran variedad de técnicas tan sofisticadas, que los restaurantes de alta cocina actuales muestran mayores similitudes con un laboratorio que con el concepto tradicional de cocina. Aunque todas las características de este ritual ancestral son exclusivamente humanas, la alimentación animal muestra varias curiosidades de los más variopintas, por eso analizaremos algunas de ellas en este artículo.
Para empezar hablemos sobre la pulga de agua (Daphnia magna). Aunque su nombre nos haga creer que se trata de un pariente del molesto insecto que atormenta a nuestras mascotas, lo cierto es que se trata de un crustáceo, que nada tiene que ver con lo que vulgarmente podríamos denominar piojos de perros (aunque pertenezcan a un orden de insectos diferente). Estos pequeños crustáceos (del tamaño de la cabeza de un alfiler) habitan masas de agua dulce en una enorme cantidad, y representan un nutritivo alimento para una gran variedad de peces, pero ¿de que se alimentan? Bien, las pulgas de agua son organismos filtradores, y sus patas están tapizadas de una especie de pelos entrecruzados (no son los pelos que conocemos, ya que no son mamíferos) que forman un aparato filtrador. Mediante su actividad natatoria, van filtrando el agua y reteniendo a organismos de una menor tamaño que ellas, luego lo que acumulan en sus filtros se lo llevan a la boca. En el reino animal, cuando hablamos de organismos filtradores, no nos suelen venir a la mente estos pequeños animales, sino que lo primero que pasa por nuestra cabeza son los mayores organismos que habitan hoy nuestras aguas, las ballenas. Las ballenas se clasifican entre los mamíferos como cetáceos, que es uno de los tres órdenes de mamíferos marinos junto con los pinípedos (focas) y los sirenios (manatíes). A su vez, entre los cetáceos podemos encontrar dos subórdenes que serían los odontocetos (cetáceos con dientes como la orca o el cachalote) y los misticetos (cetáceos con barbas como la ballena azul), siendo estos últimos organismos filtradores. Cuando uno de estos misticetos abre la boca, arrastra una enorme cantidad de agua, junto con una multitud de criaturas marinas (moluscos, crustáceos…), y al expulsar el agua a través de sus barbas, quedan retenidos en ellas para posteriormente ser ingeridos. Tanto las inmensas ballenas azules, como las diminutas pulgas de agua, son organismos excepcionales en cuanto alimentación, ya que a diferencia del resto de animales, no seleccionan la comida que tragan.


Pulga de agua o Daphnia magna (Fuente: La Guía del Acuario)
Por lo general, la mayoría de animales sí que escogen sus alimentos, y lo que eligen varía enormemente entre cada uno de ellos. Seguro que el lector conoce el famoso escarabajo pelotero y su no tan atractivo (más bien repulsivo) alimento, el estiércol de vaca. Una pareja de escarabajos peloteros suelen moldear las heces bovinas, haciéndolas rodar hasta que conforma una esfera casi perfecta, luego la sitúan en un agujero y antes de depositar los huevos en ella, se dan un gran banquete. Incluso el ser humano es capaz de apreciar el valor nutricional del estiércol, ya que sabemos de sobra que en las heces de los mamíferos hay muchos productos alimenticios que no pueden ser extraídos y utilizados. Sin embargo, nos cuesta entender más el valor nutricional del alimento de nuestro siguiente protagonista, las polillas. A ninguna persona se le ocurriría alimentarse a partir de su jersey, ni siquiera en condiciones de inanición, pero para las polillas resulta ser un manjar. El pelo, la lana, incluso las plumas, se originan en la piel viva, y están compuestos de las mismas nutritivas proteínas que la piel; sin embargo, estos elementos están químicamente modificados para que no pueda ser digeridos por nuestros jugos gástricos. Los jugos digestivos de las larvas de las polillas, al tener ligeras diferencias en cuanto en composición al compararlo con los nuestros, sí que pueden digerir los pelos y darse un magnífico festín con ellos, a la vez que destrozan nuestras indumentarias más preciadas.
En la mayoría de culturas humanas, engullir sin masticar es un signo de mala educación, por no hablar de que se trata de un hábito insano. Tenemos dientes para triturar nuestro alimento y realizar una digestión mecánica previa a la digestión química de nuestro estómago e intestinos. Sin embargo, existen otros muchos animales que aún teniendo dientes, jamás los emplean para masticar. Especialmente entre animales de sangre fría, como los peces, los anfibios y los reptiles que, a pesar de mostrar una dentición mucho más abundante que la nuestra, nunca realizan masticación. Entonces, ¿para qué sirven estos dientes? muy sencillo, para evitar que las presas escapen una vez son engullidas de un solo bocado. Cuando una serpiente devora una presa, sus crueles dientes similares a garfios son necesarios para evitar la huida del animal. Por otro lado, entre los vertebrados de sangre caliente (aves y mamíferos), la masticación es muy necesaria, ya que como precisamos de una mayor cantidad de alimento que haga de combustible para mantener nuestra temperatura corporal, la predigestión mecánica de la masticación resulta de gran utilidad. Si el lector ha permanecido atento, se habrá fijado en que he dicho que la masticación es necesaria en animales de sangre caliente como las aves pero, ¿las aves tienen dientes? la verdad es que no (hay alguna excepción), como muy bien sabe el lector, las aves tienen un pico córneo sin dientes que usan tanto para alimentarse como para construir sus nidos. No obstante, las aves también pulverizan sus alimentos mecánicamente. ¿Cómo lo hacen?
El descubrimiento de este proceso se originó hace mucho tiempo, cuando un científico trataba de dilucidar si la digestión avícola era un proceso químico o mecánico. Para su investigación, desarrolló un experimento en el que alimentaba a una serie de pavos con granos de avena introducidos en cuentas de cristal. Si la digestión era química, en las heces de los pavos aparecerían las cuentas sin los granos, mientras que si era mecánica, los granos de avena aparecerían intactos (no se podrían digerir debido a la protección del vidrio). Los resultados sorprendieron al investigador ya que no encontró ninguna de las dos opciones, no encontró ni cuentas con granos ni sin ellos en las heces. Siguió buscando esas cuentas incluso matando a varios de los pavos, y halló que estas habían sido trituradas hasta formar un polvo de vidrio. ¿Cómo?, ¿tenían dientes en el estómago? lo cierto es que algo parecido. El estómago de las aves granívoras (se alimentan de granos) es muy musculado y está recubierto por una capa de sustancia córnea; además, estas aves suelen tener la costumbre de engullir pequeñas piedras que actúan en su estómago como las piedras de un molino. Luego, el material triturado es impulsado al intestino donde se realiza la digestión química. Es decir, las piedras que tragan hacen el trabajo de los dientes que carecen.


Escarabajo pelotero o Scarabaeus sacer con su bola de excrementos (Fuente: La Sexta)
Existen otros mecanismo que permiten suplir la ausencia de dientes, y el más lógico es alimentarse exclusivamente de alimentos líquidos, de esta forma la digestión mecánica es innecesaria. El problema reside en que hay pocos líquidos tan nutritivos como para representar el elemento exclusivo de una dieta, pero existen varios. El ejemplo más representativo es la sangre, que alimenta a una enorme cantidad de insectos y algunos mamíferos (como murciélagos chupadores de sangre) o los jugos azucarados de las flores que nutren al colibrí. Otro ejemplo de alimentación líquida lo podemos observar en animales que realizan una digestión externa; es decir, digieren el alimento (licuándolo) fuera de su cuerpo. El caso que se nos viene a la mente es el de algunas arañas, que al picar a una mosca introducen jugos digestivos en su interior, de forma que digieren los órganos de la mosca, tras un rato absorben este líquido, dejando solamente el exoesqueleto de su presa. Para concluir con la alimentación líquida y, de paso, con el artículo, os expondré uno de los casos más sorprendentes en cuanto alimentación y reproducción. Se trata del pez abisal conocido como pez cabeza de serpiente (Photocorynus spiniceps). En este pez, existe un dimorfismo sexual muy marcado, y el macho presenta una tamaño muy reducido en comparación con la hembra. A una edad muy temprana, el macho se fija en la piel de la hembra, en algo conocido como parasitismo sexual. En este proceso, el macho pierde los ojos e incluso su sistema nervioso, y únicamente mantiene su capacidad de producir esperma para fertilizar a la hembra. Los dos organismos se convierten en uno solo, en el que el macho no representa más que un saco de esperma que se alimenta del sistema circulatorio de la hembra, ¡Eso si qué es una sugar mommy!
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