Menores desaparecidos en Europa: La cara oculta de la trata sexual infantil

Artículo basado en el libro: "Cada cuerpo cuenta: El negocio invisible del tráfico de personas" de Barbie Latza Nadeau.

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Primavera de 1999. Un campo de refugiados entre Albania y Kosovo, una consecuencia de lo que, en ese momento, fue la guerra más mediática del mundo. Entre las improvisadas tiendas y el hedor de las aguas residuales llama la atención una cosa: la práctica ausencia de hombres. La mayoría habían sido asesinados o muertos en combate. También destacan los centenares de mujeres embarazadas, mujeres de etnia albanokosovar que se habían visto obligadas a abandonar sus hogares por el conflicto. La mayoría de esos embarazos habían sido causados por violaciones brutales que se habían convertido en una forma generalizada de tortura, especialmente cuando se cometían delante de sus familiares. Desde febrero del año anterior hasta junio de ese mismo año, cuando la OTAN ejecutó sus ataques aéreos, decenas de mujeres jóvenes y adolescentes habían ido desapareciendo una a una de este tipo de campos de refugiados. Eran arrancadas del caos para ser vendidas y explotadas en la industria de la prostitución forzada en toda Europa, negocio que en ese momento estaba principalmente controlado por la mafia rusa y las bandas criminales albanesas. Mediante promesas de residencia en Francia, Italia o España, recibían documentos falsos para poder entrar en la Unión Europea, documentos que les condenarían a una vida de servidumbre para poder pagar las deudas. La virginidad de las mujeres y las niñas, cada vez más escasa debido a las violaciones, se subastaba al mejor postor, y las desfloraciones se filmaban como un rito de iniciación antes de que se las obligara a vender sus cuerpos como prostitutas en toda regla. Más de dos décadas después, la trata de personas con fines de explotación sexual se ha disparado hasta convertirse en la más lucrativa de todas las formas de trata. Desde entonces, el número de víctimas se ha cuadruplicado en todo el mundo. En este artículo, entre otros casos, conoceremos la historia de una de estas víctimas: Daisy.

Daisy, como se la conoce en el expediente penal italiano sobre su presunto asesinato, es una de las miles de menores no acompañadas que han desaparecido en los últimos años tras llegar a Europa a través de Italia por rutas migratorias irregulares. Un informe de la CNN de 2024 reveló que, entre 2021 y 2023, 51.433 menores refugiadas no acompañados habían desaparecido en 31 países de Europa. La historia de Daisy comienza cuando fue rescatada en el mar Mediterráneo por un barco de una ONG a finales de 2019. Luego, pasó un tiempo en un centro de menores no acompañados de Catania, Sicilia. Aunque tan solo tuviera 12 años, tanto en las fotos de su ficha policial que le hicieron al entrar a Italia, como en las horribles fotos que acabaron apareciendo por internet, aparentaba una edad mayor. Como el mundo estaba sumido en la pandemia del COVID-19, en Italia, cualquier tipo de desplazamiento, incluida la migración irregular, había cesado casi por completo. Por lo que los tratantes lo tenían especialmente difícil para encontrar nuevas víctimas. Desesperados por encontrar nueva mercancía, los tratantes se disfrazaban de repartidores y merodeaban por los alrededores de centros de migrantes. Durante ese periodo, cientos de menores desaparecieron de estos centros. A la mayoría las dieron por fugadas, algo ilógico teniendo en cuenta que la policía patrullaba las calles para frenar la propagación del COVID-19 y cualquiera que saliera necesitaba un documento que lo justificara, ¿a dónde iban a ir? Sin embargo, nadie revisaba los camiones de reparto ni los servicios de mensajería, es muy posible que a través de uno de estos medios Daisy abandonara el centro de migrantes.

Datos sobre la trata de personas en Europa (Fuente: Sonrisas de Bombay)

Todos los esfuerzos por encontrar a Daisy fueron infructuosos. En 2021, no se presentó a su audiencia de asilo y nadie supo decir dónde había ido. En el centro donde se alojaba, que había sido cerrado debido a varios casos de maltrato infantil, constaba que se había fugado. Algo normal ya que este tipo de centros en Italia reciben subvenciones estatales por cada migrante que acogen. Presentar una denuncia de desaparición significa perder ingresos. Posteriormente, Daisy apareció en una serie de películas pornográficas de la deep web, donde a menudo aparecía atada y amordazada. Fue vista por última vez en un canal de cine snuff, cuyos suscriptores pagaban más de 500 dólares por ver las retransmisiones en directo. Este tipo de películas se encuentran entre los contenidos más perturbadores imaginables, son producciones en las que los protagonistas son asesinados, o lo parece, a menudo en el contexto de abusos sexuales. Aunque cueste creer, están más extendidas de lo que parece; de hecho, antes de internet y el contenido en streaming, las películas snuff se encargaban y se enviaban por correo postal. La policía napolitana, en colaboración con agentes británicos, analizó la película y determinó que había sido filmada casi con total seguridad en Rusia. Y se cree que Daisy fue asesinada durante el rodaje.

Supongo que con este relato habrás periodo la fe en la humanidad, pero tranquilo, puesto que siempre que aparecen los demonios, surgen ángeles para combatirlos. Uno de estos ángeles es el padre Fortunato di Noto, fundador del grupo Meter, cuyo nombre deriva de la palabra griega para madre. Ya en 1990, di Noto temía que internet se convirtiera en terreno fértil para actividades ilegales, y mediante una petición, consiguió que el parlamento italiano aprobara la Convención Italiana, una convención histórica que iba más allá de la Convención de Nueva York sobre los Derechos del Niño de 1989 al extender su protección al ámbito de internet. En esos momentos ya se trabajaba para proteger a los niños contra lo que di Noto llamaba pedocriminalidad. El equipo de di Noto se encarga de rastrear la deep web en busca de víctimas infantiles. Cuando encuentran pruebas de abusos en los sitios web, suelen tomar fotos o imprimirlas, ya que muchos solo están activos en un periodo breve de tiempo o cambian de proveedor de internet y de servidores con mucha regularidad. Lógicamente, los integrantes del equipo Meter se encuentran imágenes para las que el apelativo espeluznante se queda corto, por lo que también cuentan con varios psicólogos que les ayudan a lidiar con el material que encuentran. Hasta la fecha, Meter ha presentado a la policía 30 millones de foto y videos de menores víctimas de abuso sexual con edades comprendidas entre unos pocos días y 13 años, que han encontrado en 134.222 sitios, tanto de la web normal como de la oscura. El trabajo de Meter ha dado lugar a 23 operaciones internacionales y su grupo ha salvado a más de 1.600 víctimas por todo el mundo, en su mayoría, menores migrantes no acompañados.

En 2010, gracias a los esfuerzos de di Noto y su equipo, la Interpol, el FBI, y las autoridades policiales de Alemania, Italia y EE.UU. realizaron una investigación el la que se detuvo a numerosos ciudadanos por comprar o intentar comprar películas snuff con menores que habían sido filmadas y producidas en Rusia. Las películas se distribuían por correo postal, pero la policía interceptaba estos paquetes y luego hacía entrega de ellos vestidos de civiles. Acudieron a más de 600 domicilios y las 500 personas que finalmente fueron detenidas habían pagado entre 60 y 120 dólares por película, dependiendo del nivel de violencia que mostraran. La BBC ya informó hace más de 20 años que Rusia tenía un largo historial como principal productor de pornografía infantil. En el año 2000, un mecánico de coches ruso fue detenido en Reino Unido por enviar más de 3.000 videos personalizados a clientes italianos en los que los menores parecían morir mientras eran sometidos a abusos sexuales y físicos. Aunque los compradores fueron investigados no hubo más detenciones que la del mecánico.

Padre Fortunato di Noto, fundador del grupo Meter (Fuente: Chiesa di Rieti)

Según los investigadores, las víctimas predilectas de estos depredadores suelen ser los menores migrantes no acompañados, los cuales no solo son secuestrados en zonas de guerra o rutas migratorias peligrosas. De hecho, la falta de medidas de protección hacen que las víctimas puedan ser fácilmente sacadas de los centros de acogida debido al exceso de trabajo y la escasez de personal. Por ejemplo, tenemos el caso de “Daria”, una chica ucraniana de 14 años que perdió a sus padres en un ataque aéreo ruso y que se encontraba en un centro de refugiados de Reino Unido, donde un familiar la estaba ayudando a solicitar el asilo. Mientras vivía en el centro un tratante se le acercó prometiéndole un lugar menos deprimente donde vivir, así como un trabajo de camarera para poder sacar algo de dinero. Siguiendo las indicaciones del tratante, “Daria” consiguió convencer al director del centro de que iba a visitar a un familiar y se trasladó al domicilio del tratante. En pocos días, su captor estaba drogando y abusando sexualmente de “Daria” y, en menos de 1 mes, la prostituía con una clientela en la que había productores de pornografía. Por suerte, la policía finalmente la rescató en una operación encubierta en la que también salvaron a varios jóvenes refugiados varones que también habían sido atrapados en las redes de trata sexual. No son solo las niñas las que están en peligro. Según el Informe Mundial sobre la Trata de Personas del año 2022 de ONUDD (Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito), los varones menores de 18 años son el segmento de la población que más rápido crece entre las víctimas de trata. El número de niños y adolescentes identificados como víctimas de trata se quintuplicó entre 2004 y 2020, y la tendencia sigue al alza. Independientemente del género, los menores no acompañados son sumamente vulnerables en las rutas migratorias. A veces viajan con sus hermanos y los separan; otras, sus padres mueren por el camino y, en ocasiones, acaban en manos de adultos cómplices que les guían a través del laberinto de la trata.

En 2007, la niña británica llamada Madeleine McCann desapareció de un complejo turístico en el Algarve (Portugal). En 2022, la Policía Metropolitana declaró haberse gastado más de 13 millones de libras esterlinas en la Operación Grange, el nombre en clave de la investigación de su desaparición. Y eso que esta cifra sólo incluye los gastos de los funcionarios británicos, no los de los numerosos agentes portugueses y alemanes que participaron en la operación. Por el contrario, los menores migrantes no reciben el mismo trato, ya que no hay fondos asignados a la búsqueda de menores migrantes desaparecidos, al menos que haya una investigación penal de por medio. Mientras que hoy en día la búsqueda de esa pobre niña británica continúa, los más de 18.000 menores migrantes que desaparecieron entre 2018 y 2020 apenas reciben atención. El caso de McCann evidencia los distintos grados de empatía hacía los niños que se cree que han caído en manos de tratantes. Y aunque sea un caso horrible desde cualquier punto de vista, también lo son los casos de los cientos de miles de menores no acompañados desaparecidos.

La pornografía infantil es un negocio multimillonario que satisface las necesidades de un número cada vez mayor de fetichistas según informa la Iniciativa Global contra la Delincuencia Organizada Transnacional. Y la primera en beneficiarse de que no se investiguen los casos de desaparición de menores migrantes es la propia industria. El hecho de que no tengan documentos de identificación hace más fácil su explotación. “Son fantasmas. Son víctimas literalmente invisibles a las que nadie puede salvar porque nadie sabe quiénes son”, comentaba un agente de la Interpol dedicado al tema, “la deep web inspira lo peor de la humanidad. Allí, todo es posible” continuó. Aunque existen millones de documentos con la caras de las víctimas en manos de las fuerzas del orden, al no conocer su identidad y nunca encontrar sus cuerpos, el trabajo de investigación que se realiza en la búsqueda de estas víctimas es prácticamente inexistente. Es más, muchas autoridades, al verificar que las películas y videos han sido grabadas en otros países, directamente abandonan la investigación.

Los principales beneficiarios de la trata sexual infantil no solo son los fetichistas consumidores de películas snuff o los productores de esta pornografía, sino que muchas de estas niñas acaban convirtiéndose en prostitutas forzadas cuando llegan a la edad adulta. Por ejemplo, en un viaje que hicieron una docena de hombres alemanes de mediana edad al sur de Italia para un fin de semana sexual, se detuvieron en un hotel de la vía Domiziana, donde habían contratado los servicios de 24 mujeres nigerianas. Todas ellas estaban siendo explotadas por la misma madame también nigeriana. Aunque las mujeres disponían de una habitación propia donde asearse, debían estar disponibles las 24 horas del día de viernes a domingo para los alemanes. No tenían más remedio que aceptar el trabajo, para alguna era incluso un alivio dejar de hacer mamadas a los camioneros y tener sexo anal con los curas que formaban su clientela habitual en las carreteras rurales italianas. Los hombres resultaron ser monstruos groseros y borrachos incontrolables, abusivos y mezquinos. Las mujeres se quejaron, pero la policía no acudió, al fin y al cabo es un secreto a voces lo que ocurre en el mercado del sexo de las nuevas esclavas sexuales recién llegadas a través de las rutas de los tratantes. En estas carreteras, que ostentan el ignominioso título de las carreteras con mayor actividad de prostitución de Europa, los hoteles cuyas habitaciones se alquilan por horas y cuya clientela se basa casi exclusivamente en trabajadoras sexuales, aparecen por doquier. De hecho, para alguien común suele ser complejo acceder a una de estas habitaciones, ya que destacan demasiado entre el elenco de prostitutas y sus clientes. Según ACNUR, muchas de las trabajadoras sexuales que hoy en día son explotadas en las calles de Europa fueron traídas aquí cuando eran adolescentes. Y aunque hubieran llegado cuando eran adultas, las mujeres que participan en estos mercados tienen en común un pasado de desesperación y esperanza que las ha llevado a convertirse en víctimas de trata. Quisieron creer que tendrían oportunidades al otro lado del Mediterráneo y estaban dispuestas a hacer cualquier cosa para escapar, incluso confiar en alguien aun sospechando que les mentía.

Con lo mencionado en el párrafo anterior, es evidente que los tratantes no son los únicos que se lucran con la explotación sexual infantil. Rara vez se menciona la complicidad de los hoteles que alquilan habitaciones por horas en zonas donde la trata sexual está muy extendida. Por supuesto, esto no solo se limita a Italia. En todo el mundo la industria turística facilita e instiga el turismo sexual mientras opta por mirar hacía otro lado. En países como Tailandia, que ostenta las tasas de trata sexual infantil más altas del mundo, los hoteles suelen dar habitaciones a sus clientes sin hacer preguntas ni alertar a las autoridades. De hecho, a principios de la década de los 2000, las autoridades estadounidenses empezaron a entrenar a los auxiliares de vuelo de las aerolíneas para que pudieran identificar a las víctimas de trata. Debían atender a las mujeres jóvenes que viajaban solas o acompañadas de un adulto que respondía por ellas y que, en muchos casos, montaban guardia fuera de los aseos para asegurarse de que no pedían ayuda. Carteles con frases como: “Todos los días se transportan víctimas de trata de personas en vuelos comerciales” aparecen por una gran cantidad de aeropuertos de todo el mundo.

Ejemplo de cartel para la prevención de la trata en los aeropuertos (Fuente: Departamento de Transporte de EE.UU.)

Entre el trabajo sexual legal y la esclavitud sexual forzada existe una clara línea divisoria. También hay una clara diferencia entre un adulto que decide dedicarse a la prostitución y un menor controlado por otros que, legalmente, no puede dar su consentimiento. Pero para los clientes, los verdaderos culpables de que exista este aspecto criminal del sexo, no parece haber una distinción clara. Por ello, en la lista de posibles soluciones a este problema se echan en falta iniciativas para educar a quienes pagan por sexo acerca del “producto” que adquieren. Aunque a menudo se pone el foco en las víctimas femeninas, se presta poca atención al creciente número de niños víctimas de trata sexual. Según la ONUDD, muchos de los programas de asistencia, ya obsoletos, se centran exclusivamente en las niñas. “Si bien los hombres o niños víctimas de trata reciben más atención que en años anteriores, los servicios sociales y de salud, así como los marcos jurídicos y de defensa, siguen enfocándose predominantemente en las víctimas femeninas de explotación sexual” declara el informe de la ONUDD de 2022. Sin embargo, detrás de la trata de personas con fines sexuales siempre hay hombres: desde los que compran mujeres para explotarlas hasta los que producen y consumen pornografía infantil.

En 2022, la policía italiana, en colaboración con un operativo policial chino desplegado en Italia, desarticuló una banda criminal china y detuvo a 33 personas que habían blanqueado más de 52 millones de dólares procedentes del narcotráfico para la organización criminal calabresa `Ndrangheta; dos de las organizaciones criminales más importantes del mundo parecían haber unido sus fuerzas. Se incautaron más de 10 millones de dólares en efectivo a las llamadas “mulas de dinero” que operaban redes clandestinas de corretaje para transferir fondos a China. La investigación, al seguir el dinero del narcotráfico destapó una enorme red de prostituución y pornografía que traficaba con chinas menores de edad hacía y a través de Europa, donde las obligaban a trabajar en burdeles ilegales. La Europol identificó a más de 200 víctimas y detuvo a 28 personas en Bélgica, Suiza y España. La policía monitoreó más de 3.000 sitios web donde se anunciaba a estas menores, clasificándolas como “jóvenes de 18 años”. Cada una de las víctimas “debía” a sus tratantes entre 40.000 y 50.000 dólares que se encargaban de concertar las citas con los clientes en hoteles y Airbnb. Es decir, no solo se lucraban los tratantes, sino también los hoteles y los propietarios de los Airbnb, que podían haber contribuido activamente contra la trata si hubieran actuado de otra manera. Basta con echar un vistazo a la página de “ayuda” de Airbnb dedicada a las personas que alquilan apartamentos para encontrar innumerables señales de alerta. En 2019 apareció el siguiente mensaje en esta página: “He atado algunos cabos desde que se han marchado mis huéspedes esta mañana y me temo que la adolescente que estaba con los 3 hombres sospechosos podría ser víctima de trata de personas. Me siento fatal. ¿Qué puedo hacer?” El cliente también se quejó ya que el usuario que había alquilado su propiedad solo mostraba un tatuaje en su foto de perfil de Airbnb, y cuestionó porque la plataforma no adopta medidas más rigurosas para identificar a los usuarios. Los miles de comentarios similares de la página de “ayuda” de Airbnb demuestran que estos sucesos son más comunes de lo que se pudiera llegar a imaginar. Airbnb no se ha pronunciado al respecto. De hecho, hoy en día, muchos anfitriones de Airbnb ni siquiera llegan a conocer a sus huéspedes que simplemente utilizan cajas para llaves u otros métodos anónimos. Mientras tanto, miles de niños y niñas siguen siendo explotados sexualmente y grabados en películas snuff, destruyendo su infancia y probablemente marcándolos para el resto de sus vidas.

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