Ser un delincuente es más fácil si eres rico
Artículo basado en el libro: "Crímenes de cuello blanco: El capitalismo de amigotes y las redes en la mafia del poder" de Edgar Morín.
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¿Dónde cabe un millón de dólares? En contra de la intuición, el espacio físico requerido para albergar un millón de dólares no es mucho. Si son billetes de 20 en fajos de 100 unidades, tal como dicta la norma bancaria, el millón cabe en una mochila mediana. Si fuera con billetes más grandes (en valor) el espacio sería mucho más reducido. Esta es una de las muchas de las formas empleadas por los traficantes de drogas para guardar sus ganancias, en una dinámica donde los ríos de dinero en efectivo organizan la economía criminal o ilegal. Un enorme mercado gris paralelo a la ley que incluso va más allá de ella. Son tales cantidades de billetes que se mueven en estos bajos mundos, que los contadores han aprendido a calcular su valor por el tamaño del fajo. Es más, ocasionalmente hasta pesa el dinero para conocer su valor. “Existen dos clases de riqueza. Las que cuentan el dinero y las que lo pesan. Si el tuyo es el segundo tipo de riqueza, no sabes qué es realmente el poder” afirmaba el periodista Roberto Saviano. Sin embargo, resulta lógico que pienses que esto va en contra de la tendencia mundial que apuesta por un sistema monetario sin efectivo. Pero lo cierto es que volúmenes millonarios de dinero en efectivo fluyen por los mercados y funcionan con gran flexibilidad y autonomía, ya que son fundamentales para las actividades de blanqueo y lavado. Que el dinero se maneje en kilos es un ejemplo muy ilustrativo del funcionamiento del sistema económico y los métodos empleados por diversos actores para mover el dinero desde los márgenes legales hasta las cuentas bancarias. Sin embargo, cuando se acumulan grandes cantidades de efectivo, moverse al mundo de los cheques y las tarjetas de plástico de colores oro y platino resulta más complicado. No por falta de ingenio, sino debido a los controles y regulaciones que imponen los Estados, o que se supone que deberían imponer, porque los casos de corrupción proliferan como champiñones allí donde hay dinero. Esta corrupción omnipresente permite transformar el efectivo en patrimonio o transferirlo al sistema financiero, lo cual, por desgracia, en la actualidad sigue siendo algo fácil y barato.


Este tipo de delitos económicos, denominados de guante blanco, han involucrado a empresarios, gobernadores, y funcionarios públicos de todos los niveles de los últimos gobiernos en México. Por desgracia, los medios de comunicación han dado poca (o ninguna) cobertura a muchos de ellos, y cuando lo hacen, simplemente tratan lo relativo a la detención y las medidas cautelares (como la prisión preventiva), sin realizar un seguimiento a la condena impuesta, que para más inri, no suelen ser más que sanciones administrativas. Al carecer de odio, ira o violencia (una base emocional) estos delitos no suelen atraer al gran público. De ahí parte la invisibilidad mediática que goza este tipo de delincuencia en casi todo el espectro mediático. Los delitos violentos, que por lo general muestran un número reducido de víctimas, se hacen hipervisibles en los medios de información, mientras que los delitos económicos, con miles de víctimas, son omitidos por su falta de emocionante espectacularidad. Michael Foucault lo llamó economía de los ilegalismos, organizada entorno al desarrollo de la sociedad capitalista a través de una reforma penal del siglo XVIII y donde, además del peso que adquiere la propiedad, la acumulación de capital o las relaciones de producción, se se separa el ilegalismo de los bienes del de los derechos. Esto origina una especialización de los circuitos judiciales, en donde por un lado se tratan los ilegalismos de los bienes (robos), y por otro lado, los ilegalismos de los derechos (fraudes, evasiones fiscales, operaciones comerciales irregulares…). Este último muestra unas jurisdicciones especiales con multas atenuadas entre otros beneficios para el delincuente. Estos beneficios legales, provocan que las condenas que sufren los delincuentes de guante blanco sean inferiores a las de los narcotraficantes (por un mismo delito), en cuanto a que los primeros, realizan operaciones financiera ilícitas con dinero con origen lícito (tu dinero o el mio por ejemplo), mientras que los segundos realizan el mismo delito pero con dinero ilícito. ¿No sería más lógico tratar a ambos delincuentes por igual? Pero como se aprecia en el libro en el que se basa este breve artículo, es evidente de que pie cojea la legislación Mexicana.
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