Un soplador de hojas y el coste oculto de la transición energética
Artículo basado en el libro: “La Guerra Subterránea: El litio, el cobre y la batalla global por la energía” de Ernest Scheyder.
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Seguro que has visto, o al menos oído, algún soplador de hojas en tu vida. Allí donde se acumulen una cantidad alta de hojas, césped cortado y otros desechos (especialmente en parques y jardínes) suele haber algún individuo o trabajador público generando un enorme estruendo para limpiar este tipo de desperdicios. Lo que mucha gente no sabe es que estos sencillos sopladores de hojas son terribles para el medio ambiente. El soplador de hojas típico, no los más modernos que son eléctricos, funcionan con gasolina y un motor de dos tiempos barato y práctico como los que tienen las embarcaciones pequeñas, los cortacésped o las motosierras. Estos motores se llaman de dos tiempos ya que realizan el ciclo de combustión interna en dos movimientos del pistón. Pero estos motores no tienen lubricación interna (como los coches de gasolina), por lo que la gasolina debe mezclarse con aceite. Esto genera que alrededor de un tercio de esa mezcla de combustible no se queme en el proceso de dos pasos, provocando que este motor escupa al aire una mezcla de contaminantes como el carbono monóxido y otros productos químicos que contribuyen a la formación de esmog y provocan lluvias ácidas. Sin embargo, es evidente que son artilugios útiles que realizan el trabajo de un rastrillo de manera mucho más rápida.
Dos eminentes científicos describieron a los sopladores de hojas de cómo una fuente obvia de emisiones durante una conferencia organizada por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA). Un columnista de The New York Times lamentó que los sopladores de hojas llenaran el aire “con un hedor de gasolina y muerte” y comparó estos aparatos con “langostas mecánicas” que descienden sobre los vecindarios “como hacían antiguamente estos insectos”. Un informe de la web automovilística Edmunds averiguó que un soplador de hojas de gasolina normal y corriente, expulsa más contaminantes que una camioneta Ford. Según Edmunds, quitar las hojas de tu jardín durante media hora con un soplador que tiene un motor de dos tiempos emite más o menos la misma cantidad de hidrocarburos que conducir una camioneta Ford desde Texas hasta Alaska. Lo fascinante y alarmante de este experimento es que se realizó en 2011 y, desde entonces, la Ford Motor Co, ha mejorado sus estándares medioambientales. Sin embargo, el diseño básico de estos prácticos motores de gasolina de dos tiempos sigue siendo el mismo. De hecho, añadirle filtros de aire haría que pesase bastante más, lo que representa uno de sus principales atractivos. Por estos motivos, en Estados Unidos, comunidades de todo el país se han planteado prohibirlos. Por ejemplo, el estado de California está eliminando gradualmente los equipos de jardinería que funcionan con gasolina para que no quede ninguno en 2024. Lorena González, una de las responsables de este proyecto denominó a este tipo de equipos de jardinería como “supercontaminantes”. Además, el estrepitoso sonido creado por los sopladores de hojas, que en ocasiones puede superar el ruido que hace un avión al despegar, puede alterar la psique y empeorar varios problemas de salud como el estrés y las enfermedades cardiovasculares.


Soplador de hojas con motor de 2 tiempos de gasolina (Fuente: Wiltec)
Por suerte, los sopladores de hojas eléctricos suelen ser menos pesados y generan menos ruido que los de gasolina. Utilizar aparatos eléctricos “reducirá de manera considerable” la contaminación del aire, rezaba un artículo del The Washington Post. Además, gracias a los avances en las baterías de litio (las que utilizan los coches eléctricos) su coste medio es cada vez menor, a la vez que aumenta la duración. Por ello, muchas empresas están pasándose a las ventajas que ofrecen los productos eléctricos. Por ejemplo, Ryobi una empresa dedicada a fabricar herramientas eléctricas para el hogar y que vende por todo Estados Unidos en los Home Depot, la gran cadena de ferreterías con su característico logo naranja, han desarrollado una línea de productos que pueden utilizar las mismas baterías. Por lo tanto, en caso de precisar varias herramientas eléctricas, puedes comprar la misma batería para todas ellas, más de 280 en total. Aunque no es exclusivo de esta empresa, este sistema, llamado ONE+, enseguida se hizo famoso y se convirtió en uno de los productos más vendidos de la cadena. Sin embargo, también es necesario preguntarse si estas herramientas eléctricas tienen o no un cierto impacto medioambiental. Evidentemente, la contaminación generada en su fabricación será más reducida que la de los sopladores de hojas de gasolina con su uso. Pero la extracción del litio, el cobre y los otros metales necesarios para la fabricación de las baterías de estos productos, también genera un impacto ambiental considerable. Ante la transición energética en la que nos encontramos, es necesario que sepamos si la miríada de baterías que alimentan a los innumerables productos eléctricos que empleamos se han obtenido con una huella de carbono reducida, si los elementos necesarios para su fabricación se han extraído y procesado de una forma respetuosa con el medio ambiente, si la mano de obra encargada de estas tareas tenía unas condiciones laborales justas… Parece que, cada vez más, todo va a ser eléctrico, de modo que el orígen de los metales necesarios para las baterías se convierte en un factor de vital importancia.
A finales de 2022, la Unión Europea impuso aranceles a las importaciones de productos procedentes de países que no están reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero, y China se considera uno de los principales objetivos. Sin embargo, fuera de la UE, el resto de gobiernos no está imponiendo cadenas de suministro éticas. Por ello, en EE.UU., las baterías de Ryobi no están siguiendo ninguna clase de escrutinio. Ryobi Limited es una empresa japonesa que poco tiene que ver con el soplador de hojas mencionado. Hacía tiempo que había dado permiso a otra empresa con sede en Hong Kong para qué empleara su nombre. En 2022, esta empresa conocida como TTI Group, no solo fabricaba herramientas eléctricas Ryobi, sino aspiradoras de las marcas Oreck, Hoover y Dirty Devil. Si seguimos indagando en la procedencia del soplador de hojas Ryobi, podemos encontrar como TTI Group había externalizado la fabricación de la batería a una filial de Samsung, el famoso conglomerado surcoreano. Concretamente, esta filial había fabricado la batería en Negeri Sembilan, un estado malasio cercano a la capital del país, Kuala Lumpur. Según las especificaciones, la batería contenía cobre y aluminio. El ánodo estaba hecho de grafito y el cátodo de litio, níquel, cobalto y manganeso. Algo común ya que son elementos muy empleados en las baterías de iones de litio. No obstante, era imposible encontrar los países de procedencia de todos estos metales. ¿El litio procedía de Chile y luego se había mandado a un fabricante de celdas de batería en China, antes de ser enviado a Malasia? ¿El cobre procedía de Perú, donde miles de campesinos se han quejado amargamente de que los camiones de las empresas mineras levantan polvo que contamina sus cultivos? ¿El níquel procedía de Indonesia donde se han talado selvas tropicales para hacer sitio a nuevas minas? ¿El cobalto fue extraído por un niño de 7 años en una mina improvisada de la República Democrática del Congo bajo condiciones de semiesclavitud? Es imposible saberlo ya que esta información nunca es facilitada por las empresas pero, probablemente, todas y cada una de estas afirmaciones sean reales.
Aunque la mayoría de consumidores, sobre todo en Estados Unidos y Europa no piensan demasiado en cómo se fabrican muchos de los productos que compran, después de la pandemia del COVID-19 eso ha empezado a cambiar lentamente. Puede que una camiseta Nike se haya fabricado en Vietnam pero, ¿dónde y bajo qué condiciones laborales se extrajo el algodón necesario para producirla? A las marcas se les pide cada vez más este tipo de detalles y que sean transparentes en cuanto a las cadenas de suministro que emplean en sus procesos de fabricación. Del mismo modo, con el cambio general que está sufriendo la economía mundial hacia la electrificación, a las nuevas empresas centradas en la producción de aparatos eléctricos, también se les está empezando a pedir estos datos. Sin embargo, todavía queda mucho camino por andar para que esta transición energética tan necesaria no solo sea ética y respetuosa con el medio ambiente, sino también con las personas.
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