Esclavitud, feminismo y una colonia de presidiarios
Artículo basado en el libro: "Ser Humano: Cómo nuestra biología ha modificado la historia universal" de Lewis Dartnell.
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En un artículo anterior ya explicamos las razones por las que el número de hombres y mujeres es idéntico en la especie humana (y en otras muchas); sin embargo, a lo largo de la historia, se han dado una serie de situaciones que generan un desequilibrio en esta proporción. En este artículo analizaremos dos casos concretos: uno en el que la proporción de hombres se vio reducida en comparación con la de mujeres, mientras que en el segundo caso ocurrió lo contrario. Del mismo modo, también analizaremos las repercusiones que estos desequilibrios generaron sobre las sociedades donde se desencadenaron.
Una de las principales razones para que la proporción de hombres se pueda ver mermada se centra en la guerra. Por lo general, en los combates bélicos suelen participar hombres jóvenes en edad de procrear, y los millones de muertes de estos hombres que las grandes guerras generaron, deshicieron la proporción idéntica entre sexos. No obstante, las guerras no son el único horror humano que pueden alterar sustancialmente la razón de sexo en las poblaciones. Otra de las grandes lacras que generó esta alteración fue la esclavitud. Desde principios del siglo XVI hasta mediados del siglo XIX, más de 12,5 millones de africanos fueron capturados y obligados a trabajar en las colonias europeas de las tierras de América. Más de 2 millones no sobrevivieron a las insalubres condiciones del viaje y otros varios millones murieron en las guerras desencadenadas por la esclavitud en sus tierras natales. Como veremos en este artículo, esta aborrecible mancha de la historia humana tuvo grandes consecuencias a largo plazo para África. En primer lugar, la extracción de grandes cantidades de personas frenó el crecimiento de la población. Concretamente, se calcula que para principios del siglo XIX, la población del África subsahariana era de unos 50 millones, pero sin el comercio de esclavos, esta población habría ascendido a los 100 millones de personas. A parte del frenado de la tasa de crecimiento demográfico, otra característica de la esclavitud tuvo un impacto más específico. La demanda de trabajadores forzados era principalmente empleada para las plantaciones de las colonias americanas, por lo que buscaban personas fuertes y en buena forma física, es decir, hombres jóvenes en su mayoría. Las hordas de esclavos enviadas a las colonias de la India (más de 6 millones), no tuvieron tanto impacto en la proporción de sexos, ya que también se buscaban empleadas domésticas y concubinas para los colonos. Pero como he mencionado, en África la cosa era distinta. Los negreros europeos aspiraban a exportar dos veces más hombres que mujeres, y la documentación escrita muestra que se trasladaron 1,8 hombres por cada mujer. Esto provocó que las regiones africanas en las que se extrajeron más esclavos sufrieran una escasez de varones considerable. Por ejemplo, en África occidental, a finales del siglo XVIII (durante el apogeo del comercio de esclavos), había 70 hombres por cada 100 mujeres. En Angola, el país más afectado de todo el continente, la razón de sexos descendió a 0,4 (40 hombres por cada 100 mujeres), y esto tuvo un enorme impacto en las sociedades africanas.


Esclavos africanos trabajando en una plantación de boniatos en EE.UU. en el siglo XIX (Fuente: La Vanguardia)
Tanto la estructura familiar, como la división del trabajo se vieron modificadas bajo la enorme sombra de la esclavitud. La falta de hombres obligó a las mujeres a asumir las actividades y responsabilidades que tradicionalmente se habían reservado a los varones en la agricultura, en el comercio, incluso en el ejército. Del mismo modo, estas mujeres también adoptaron papeles de liderazgo y autoridad dentro de sus comunidades. Aunque tras la abolición de la esclavitud en el siglo XIX, se empezó a restablecer poco a poco la proporción natural de sexos, las actitudes y prácticas modificadas continuaron, y aún perduran. A día de hoy, en las zonas de África en donde el comercio de esclavos fue más intenso, la probabilidad de que las mujeres estén empleadas en el mercado laboral es superior. De la misma forma, es más probable que ocupen altos cargos dentro del gobierno y las empresas, tanto mujeres como hombres muestran una actitud más igualitaria ante los roles de género, y las mujeres y los hombres se muestran menos propensos a aceptar la violencia doméstica. En África oriental, donde el comercio de esclavos hacia las colonias de la India mostró un porcentaje más equilibrado entre hombres y mujeres, las normas culturales no cambiaron, y los avances por la igualdad antes mencionados no se dieron. Pero no es oro todo lo que reluce, y una menor proporción de hombres en el pasado, también ha generado que en estas poblaciones se muestren mayores índices de poliginia (un marido varias esposas). Parece que el desequilibrio entre sexos de antaño, llevó a los hombres a tomar varias esposas, mientras que las mujeres aceptaron el arreglo. Además, la práctica de la poliginia suele llevar a conductas sexuales más promiscuas, favoreciendo la propagación de enfermedades de transmisión sexual como el sida. Por ello, existen mayores índices de infecciones por VIH en el África occidental (mayores niveles de poliginia), en comparación con el África oriental (menores niveles de poliginia). Pero, ¿qué ocurriría en el caso contrario?, ¿qué ocurriría si fuesen los hombres los que tuvieran mayor proporción? Veámoslo.
Aunque las circunstancias en las que se origina que la proporción de sexos se oriente hacia los hombres (un exceso de hombres) son menos frecuentes, existe un caso destacado. Antes de la independencia de las 13 colonias del actual EE.UU., Gran Bretaña enviaba una media de 2.000 presos anuales a sus colonias norteamericanas. Alrededor de 60.000 británicos fueron desterrados por delitos tan variopintos como el robo, la caza furtiva, la asociación con gitanos o el uso de anticonceptivos. No obstante, en 1776, cuando estalló la Guerra de Independencia, el tráfico de presidiarios se detuvo. Pronto, las cárceles británicas estuvieron sobrepobladas, lo cual supuso un enorme varapalo para las arcas de la corona británica ya que resultaba más económico transportar a los presos a las colonias de ultramar, que mantenerlos en los centros penitenciarios. El gobierno británico necesitaba un vertedero sobre el que volcar su ingente cantidad de delincuentes y lo encontró en la otra punta del mundo, en Australia. Cuando para 1770, el capitán James Cook había cartografiado toda la costa oriental del país austral, éste reclamó la mitad del territorio para la corona británica. El parlamento vio la solución a su problema en las nuevas tierras “conquistadas” por Cook. Con la intención de vaciar sus cárceles y establecer un nuevo foco de colonización, en 1778, la Primera Flota fundó un asentamiento en Sídney con unos 1.500 colonos, 778 de los cuales eran presidiarios. En 1830, tras las guerras napoleónicas, la cantidad de presos enviados a Australia aumentó de forma espectacular, y la tercera parte de los delincuentes declarados culpables en territorio británico eran enviados a esta colonia de presidiarios. Sin embargo, debido a las crecientes protestas, la migración forzosa se redujo en la siguiente década.


Ilustración del capitán James Cook en su conquista de Australia (Fuente: Wikipedia)
Para entonces, 157.000 convictos habían sido deportados a Australia, el 84% de los cuales eran hombres. Incluso cuando los colonos que viajaban a esta nueva tierra prometida no eran delincuentes, eran en su mayoría hombres, principalmente debido a la necesidad de mano de obra para las arduas tareas de agricultura y minería. Esto generó que las mujeres (expresidiarias, emigrantes libres o nacidas allí) de Australia se encontrase en un entorno con una razón de sexos muy desequilibrada. Durante un largo tiempo, esta razón era de 3 hombres por cada mujer; llegando en algunas colonias a la proporción 30:1. De hecho, esta proporción no llegó a la paridad hasta 1920. Lógicamente, bajo estas circunstancias, el valor de cada mujer era mucho mayor que una población equilibrada. Los hombres tenían suerte si llegaban a casarse, mientras que las mujeres tenían un gran “mercado” donde escoger marido. Debido a una escasez de mujeres, los hombres tenían un incentivo especial para comprometerse con cualquier relación que mantuvieran, lo cual generó que los hombres cuidasen más y con mayor diligencia de sus hijos, a fin de no darle motivos a su mujer de buscarse otro marido, ya que opciones no le faltaban. Esto, a su vez, provocó que las mujeres australianas no sintieran la necesidad de trabajar, y se quedaran en casa. Sin embargo, estas razones de sexo elevadas en hombres, también muestran mayores índices de violencia sexual, cometida por los hombres que han perdido el tren del mercado matrimonial. Por ello, en esa época, la agresión y explotación sexual por parte de los colonos blancos, sobre todo contra las mujeres indígenas, fue muy frecuente.
El predominio de los hombres en la Australia colonial ha tenido efectos duraderos en su sociedad. A día de hoy, en las regiones en las que el desequilibrio en la proporción de sexos era más marcado (Sídney o la costa norte de Tasmania), es más probable que tanto hombres como mujeres muestren una ideología más conservadora en cuanto al papel de las mujeres en la sociedad. En estas zonas, las mujeres tienen menor presencia en el mercado laboral, desempeñan más ocupaciones a tiempo parcial y es menos probable que ocupen altos cargos; comparadas con las mujeres que viven en zonas donde el desequilibrio entre sexos no fue tan notorio. Sin embargo, esto no significa que las mujeres de estas zonas dediquen más tiempo a las labores del hogar; de hecho, dedican menos horas debido a la tradicional participación de los hombres en estas labores, temerosos de perder a sus mujeres en el antiguo y abarrotado de competidores mercado matrimonial.
Estos dos casos mencionados en el artículo no quieren decir que un desequilibrio entre la proporción de sexos sea necesario para la emancipación de la mujer que defiende el movimiento feminista (y deberíamos defender todos); Sin embargo, es innegable que tanto en Australia, como en África, este desequilibrio ha favorecido que los roles de género de sus sociedades sean más tradicionales o más progresistas.
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