Las corruptas cloacas de Turquía
Artículo basado en el libro: "Sentirán el aliento de Turquía en la nuca: Secuestros, espionaje y guerra sucia en el país de Erdogan" de Javier Biosca.
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¿Día? 1 de enero de 2013, ¿lugar? el Aeropuerto Internacional Sabiha Gökçen en Estambul. Las autoridades desvían un avión sospechoso al otro aeródromo de la ciudad, donde las condiciones climáticas son algo mejores. Los agentes de aduanas descubren que la aeronave porta tonelada y media de oro (unos 70 millones de dólares) y no tiene la documentación en regla. El avión procedente de Acra (capital de Ghana), queda varios días bloqueado a la espera de aclarar su situación. Finalmente, los agentes permiten al Airbus A300 continuar su ruta a Dubái sin mayores problemas. Un año después comienza una inmensa operación policial que tiene a este avión como elemento central. De la noche a la mañana, más de medio centenar de personas son detenidas, incluidos 3 hijos de ministros del Ejecutivo de Turquía (Interior, Economía y Medioambiente). Al director del banco público de Turquía le encuentran 4,5 millones de dólares escondidos en cajas de zapatos en su casa.
Reza Zarrab, un rico empresario menor de 30 años, es el protagonista del escándalo y la persona detrás del misterioso avión. Reza Zarrab, a pesar de haber nacido en Irán, tiene la doble nacionalidad turco-iraní, y se había casado con una estrella musical y actriz turca. Reza tenía conexiones en las altas esferas de Turquía e Irán, presumía de que exportaba hasta una tonelada de oro al día y se hacía fotos con montones de billetes más grandes que él. Su fortuna constaba de 17 coches de lujo, piezas de arte valoradas en más de 10 millones de dólares, 20 propiedades inmobiliarias a su nombre, 7 embarcaciones y un avión privado. Sin embargo, su actividad con el avión mencionado ponía en peligro el Gobierno de Erdogan. Al de pocos días de empezar la operación policial, se filtró a la prensa una conversación entre el primer ministro Erdogan y su hijo Bilal:
-Se están registrando las casas de 18 personas ahora mismo con esta gran operación de corrupción. Lo que tengas en casa, sácalo, ¿vale?
-Papá, ¿qué podría tener en casa? Está tu dinero en la caja fuerte.
-Sí, eso es lo que te digo.
Poco después, otra llamada:
-¿Te has deshecho de todo o…?
-No, no todo, papá. Quedan unos 30 millones de euros que no hemos podido liquidar.


El empresario Reza Zarrab alardeando de su fortuna (Fuente: OCCRP)
Estas conversaciones fueron publicadas en YouTube junto a otras menos escandalosas, y aunque Erdogan aceptó la veracidad del resto, siempre ha negado que la conversación mencionada sea real. Erdogan trató de que el escándalo de corrupción no le salpicara mediante su influencia en los directores ejecutivos de las cadenas de televisión públicas. Su intervención llegó a tal punto que ordenó cortar una retransmisión en directo de una rueda de prensa de un político de la oposición. Aunque los 3 ministros cuyos hijos habían sido detenidos dimitieron, uno de ellos afirmó que Erdogan debía seguir sus pasos.
En la macrooperación policial, los investigadores hallaron pruebas de que Zarrab había sobornado a las autoridades turcas (incluidos ministros y banqueros) para llevar ilegalmente oro y dinero a Irán, que sufría un estricto régimen de sanciones de EE.UU. debido su programa nuclear. Aunque Zarrab no tenía ningún vínculo con el Movimiento Gülen (consultar artículo), como éste se había convertido en uno de los principales enemigos del régimen, las autoridades orquestadas por el primer ministro trataron de vincularlo con el movimiento gülenista. La operación había afectado profundamente a la reputación de Erdogan, y no tardaron en rodar cabezas por tal osadía. En pocos días tras destapar el escándalo, el jefe de la policía de Estambul fue despedido junto a docenas de agentes y la fiscalía que investigaba el caso (¿separación de poderes? para que…). Muchos de ellos fueron acusados de gülenistas. En un mes, más de 600 policías vinculados con el caso habían sido expulsados o reubicados en diferentes puestos y destinos, se estableció una reforma radical de las academias de policía para erradicar del cuerpo a los “infiltrados del Movimiento Gülen” que fueron calificados por el Gobierno como “guardias de la malicia”.
Con la fiscalía y los policías apartados del caso, el Gobierno consiguió apagar poco a poco la investigación. Además, muchos de los empresarios y políticos fueron excarcelados y se les devolvió el dinero incautado. De hecho, unos meses después, Zarrab, que ya no era un enemigo del primer ministro, recibió el premio del mejor exportador del año por el ministro de Economía. Zarrab, respaldado por Erdogan, se sentía intocable y, después de salir de prisión pero antes de que su caso se archivara, se puso en contacto con los directivos del banco nacional para continuar con la trama del oro. Aunque el nuevo director del banco se mostró reticente a ello, el Ejecutivo de Erdogan le ordenó retomar las operaciones. Ya en 2016, Reza Zarrab viajó a EE.UU. con su familia para visitar Disney World y bucear en las cristalinas aguas de Miami. Gracias a la actuación de Erdogan, el escándalo del avión cargado de oro está totalmente olvidado. O eso creía.


El Presidente de la República de Turquía Recep Tayyip Erdoğan dando un discurso (Fuente: Daily Sabah)
Estados Unidos había tomado nota de todo lo sucedido y, tan pronto como Zarrab puso un pie en suelo Norteamericano, fue detenido. Aunque Erdogan había asfixiado el caso, el gobierno estadounidense sabía que Zarrab era uno de los mejores blanqueadores de capitales del planeta, por lo que le acusaron de participar en una trama para llevar dinero y oro a Irán esquivando las sanciones impuestas. Zarrab fue enviado a prisión preventiva sin fianza a la espera de juicio. Poco después, la fiscalía de Nueva York emitió una nueva imputación al antiguo ministro de Economía y el ex-director del banco, ambos relacionados con el caso. Los investigadores estadounidenses acusaron al ex-ministro de recibir decenas de millones de dólares en sobornos en metálico y joyas por prestar servicios al Gobierno de Irán. Zarrab se declaró culpable en el juicio y aceptó colaborar y testificar contra el ex-ministro, el banquero y el resto de acusados. Durante el juicio, Zrrab dio una clase magistral sobre el blanqueo de capitales y llenó por completo una pizarra con nombres vinculados con la trama del avión cargado de oro.
¿Por qué afectan las sanciones de Estados Unidos contra Irán a lo que haga Turquía con el país de los ayatolás? Washington controla el sistema financiero internacional, lo sabe y lo explota. El objetivo de las sanciones es aislar a Irán de este sistema dolarizado y no solo prohíbe a las instituciones estadounidenses hacer cualquier tipo de trato con Teherán, sino que también establece que todas aquellas instituciones financieras extranjeras que hagan negocios con Irán tendrán prohibido cerrar operaciones en EE.UU. o utilizar dólares en las transacciones. Es decir, cualquier banco o empresa del mundo tiene dos opciones: cerrar operaciones con Irán o formar parte de la comunidad bancaria internacional. Gracias a Zarrab, Turquía había logrado hacer las dos cosas a la vez engañando a Estados Unidos. Zarrab incluso organizó la compra de alimentos por razones humanitarias para llevar dinero a escondidas a Teherán, pero nunca se ha encontrado rastro de esa comida.
El movimiento del dinero en la trama se realizó de la siguiente forma: la Compañía Nacional Iraní de Petróleo vende crudo y gas natural a dos empresas públicas turcas que le pagan en liras turcas y lo depositan en cuentas del banco nacional. Este dinero está bloqueado a causa de las sanciones, pero dentro del banco el dinero se mueve de una cuenta a otra para intentar borrar su rastro. Tras varios de estos movimientos, Zarrab compra oro para exportarlo a Irán, pero como no se puede comerciar con oro si el destinatario es el Estado Iraní, el oro pasa por Dubái donde se revende ilegalmente, se convierte en otras monedas y salta de una cuenta a otra hasta llegar a manos iraníes. Esto provocó un boom en las exportaciones de oro de Turquía. Mientras que en 2011 Turquía exportó oro a Irán por valor de 55 millones de dólares; en 2012, cuando empezó la trama, las exportaciones de oro hacia el país de los ayatolás alcanzaron la desorbitada cifra de 6.500 millones de dólares; es decir, estas importaciones aumentaron más de un 11.718%. Según la fiscalía estadounidense, la trama de Zarrab había movido más de 20.000 millones de dólares entre 2010 y 2015.


Salida del juicio en EE.UU. de Reza Zarrab en 2017 (Fuente: The New York Times)
Toda esta trama estaba mermando la influencia internacional y la reputación de Erdogan, por lo que Ankara presionó a Washington para recuperar al empresario detenido, pero EE.UU. se negó. A pocos días del juicio, la inquietud en Ankara era evidente y las acusaciones contra la fiscalía de Nueva York por pertenecer al Movimiento Gülen empezaron a difundirse. De pronto, Zarrab se esfumó, el Gobierno de EE.UU. le hizo desaparecer con su programa de protección de testigos. Sin embargo, su opulento amor por el lujo desmontó su tapadera. Con su nuevo apellido Goldsmith (no le gustaba el oro ni nada), seguía disfrutando de una vida fastuosa relacionada con el negocio de los caballos de carreras. Vivía en un apartamento de Miami de 3,6 millones de dólares, aunque en su vida anterior se enfrentaba a 130 años de cárcel por blanqueo de capitales, ya que antes de dirigir la operación con Irán, también estuvo blanqueando durante años dinero sucio de Rusia y de la venta ilegal de petróleo de Siria. El devenir del ex-banquero, por el contrario, no fue tan afortunado, fue declarado culpable en 2018 y condenado a 32 meses de prisión. A su vuelta a Turquía se le recibió como un héroe nacional y un mártir de la persecución política. Pero el objetivo de EE.UU. era otro, el propio banco de propiedad estatal.
Resulta muy irónico que fuese el presidente Trump, el mismo que tumbó el acuerdo nuclear con Irán y que había programado unas sanciones más estrictas para Teherán, el que se mostró más receptivo con Ankara para tumbar el caso que pretendía castigar la mayor trama de evasión de sanciones de la historia. Trump y Erdogan hablaron en varias ocasiones sobre el caso del banco, pero el fiscal de Nueva York se había enemistado con el presidente estadounidense cuando mandó a prisión al abogado de Trump, Michael Cohen. En aquellos años, el Gobierno de Turquía y el propio banco habían pagado 4,6 millones de dólares a una empresa de lobby para presionar y convencer a la élite política estadounidense. En una entrevista a Trump en la que se le preguntó si Turquí era un socio fiable, el actual presidente de EE.UU. dijo: “Bueno, tengo un pequeño conflicto de interés en Turquía porque tengo un gran edificio en Estambul y es un trabajo tremendamente exitoso llamado Torres Trump”.
Aunque el caso contra el banco ha llegado hasta el Tribunal Supremo de Estados Unidos, el proceso está actualmente encallado en un debate sobre la inmunidad del banco como entidad estatal. Las corruptelas turcas no pueden actuar a nivel internacional sin socios que las permitan operar, y no hay mejor socio en un mundo dominado por el dólar que el presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump.
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