¿Por qué no podremos seguir usando petróleo? (SPOILER: No es por el medio ambiente)
Artículo basado en el libro: "Petrocalipsis: Crisis energética global y cómo (No) la vamos a solucionar" de Antonio Turiel.
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Actualmente todo el mundo sabe que la utilización de petróleo perjudica el medio ambiente. El consumo de este combustible fósil libera grandes cantidades de dióxido de carbono (gas de efecto invernadero que contribuye al cambio climático), junto con otros gases contaminantes que provocan diversas enfermedades respiratorias. Además, el proceso de extracción puede contaminar el agua y la tierra de las zonas que lo albergan. Sin embargo, algo que pasa por alto el proceso de electrificación que vive el mundo actual es que no podemos dejar de usar petróleo; más bien, no sabemos cómo dejar de utilizarlo. ¿Qué tiene el petróleo que lo haga tan irremplazable? Bien, en este artículo trataremos de responder a esta pregunta.
El petróleo es un hidrocarburo líquido de origen fósil, o lo que es lo mismo, se trata de un conjunto de moléculas donde abundan los átomos de carbono e hidrógeno, formado por la descomposición y la transformación de materia orgánica (enterrada) durante millones de años. Al igual que el resto de combustibles, contiene mucha energía en poco volumen, es decir, es una sustancia energéticamente densa. Esta es una de las principales características que lo vuelve tan útil y necesario. Un litro de petróleo alberga unos 30 millones de julios de energía, ¿es mucho o es poco? Si tenemos en cuenta que un adulto medio en buena forma física puede realizar un trabajo con una potencia de unos 100 vatios, durante unas 8 horas al día, la energía contenida en 1 litro de petróleo sería equiparable a más de 10 jornadas laborales de un intenso esfuerzo físico humano. Esto solo si nos referimos al petróleo sin refinar, cuando hablamos de gasolina o de diésel, el contenido energético aumenta en un 30%. Esta densidad energética es lo que permite a este combustible mover máquinas muy pesadas durante horas o centenares de kilómetros, con un depósito de combustible minúsculo. Piensa en tu coche y en como un solo litro de gasolina es capaz de moverlo entre 15 y 20 kilómetros, ¿cuánto tiempo necesitarías para empujar ese mismo coche, con su tonelada larga de peso, usando solo tus manos? Además, los motores de combustión actuales solo aprovechan el 25% de toda la energía del petróleo y, aun así, son capaces de hacer cosas que resultarían inconcebibles solo un par de generaciones atrás. Por esto podemos decir, que a día de hoy, el petróleo es una especie de savia de la economía mundial. Personas y mercancías son transportadas durante miles de kilómetros al día gracias a este líquido negro, haciendo posibe el sueño de la globalización. Aunque la mayoría del transporte se basa en el petróleo, no todas las aplicaciones de este combustible se reducen al transporte. Desde grúas hasta excavadoras, la mayoría de la maquinaria fundamental se mantiene en marcha gracias al petróleo. Nos permite construir, mantener y reparar nuestras infraestructuras, alienta los tractores y cosechadoras que garantizan la producción masiva de alimentos y se emplea en la producción de cientos de compuestos (fertilizantes, plásticos, alquitranes, parafinas…).


Evolución de la densidad energética de los combustibles empleados por el ser humano (Fuente: El economista)
Las sociedades occidentales no son más que enormes monstruos que se alimentan de petróleo. La tercera parte de la energía que se consume a día de hoy proviene de este combustible fósil, lo que lo convierte en la fuente de energía más importante de todas las que usamos. Aunque es evidente que su empleo es perjudicial para el medio ambiente, es imposible (literalmente) dejar de usarlo de forma repentina. De hecho, a principios de la década de los 70, descubrimos hasta qué punto dependemos del petróleo, cuando los países árabes, como represalia del apoyo de Occidente a Israel (cuidado que puede volver a pasar en 2025), realizaron un embargo de petróleo de varios meses cuyas consecuencias económicas se siguieron sintiendo más de 10 años después. Además, en esa época consumíamos la mitad del petróleo que se consume a día de hoy. Este hecho deja en evidencia que no podemos prescindir del petróleo de golpe. Cómo de momento tampoco existen alternativas energéticas que sean, cuanto menos, tan útiles y baratas como el petróleo, en la práctica no se están llevando a cabo verdaderos cambios. No es rentable ni económico y, en el fondo, la mayoría cree que no es realmente necesario.
En noviembre de 2018, comenzó a sonar con fuerza una alarma, una alarma de la cual los investigadores en recursos naturales llevan años alertando, una alarma que los representantes políticos y grandes actores económicos conocían desde hace tiempo (aunque la han ignorado), una alarma que plantea un problema urgente sin solución aparente. En 2018 alcanzamos el pico de producción del petróleo (peak oil), un problema que nos va a obligar a prescindir del petróleo aunque nosotros no queramos. El petróleo nos abandonará mucho antes de que nosotros renunciemos a él. ¿Qué pasaría si de repente comenzamos a disponer de menos petróleo cada año? El peak oil supone la llegada al punto de máxima extracción posible de petróleo en el mundo. En 2018 alcanzamos el increíble récord de 100 millones de barriles de petróleo al día, récord que no conseguiremos volver a sobrepasar nunca. Aun así, gracias a la pandemia del Covid-19 y la consecuente disminución de necesidades energéticas en todo el mundo, el efecto de este pico de extracción está aún por llegar. Pero, y si seguimos realizando prospecciones y encontrando yacimientos de petróleo, ¿no podríamos superar este pico? Lo cierto es que no, ya que aunque las reservas de este combustible puedan ser inmensas, la velocidad con la que lo extraemos se hallan limitadas por ciertos factores físicos. Peor aún: después de alcanzar su máximo, la velocidad de extracción se irá reduciendo de forma progresiva con el tiempo. Veamos el porqué.


El petróleo se halla generalmente ocupando las oquedades e intersticios de una roca de tipo poroso (una roca llena de agujeros). Es lo que se conoce como reservorio, y podríamos entenderlo como una esponja completamente empapada de petróleo. Como este combustible es un líquido, dentro del reservorio está sometido a la presión de toda la roca que se encuentra por encima de él, por lo que al hacer una perforación en el reservorio, el petróleo comienza a fluir con fuerza hacia la superficie. Conforme se va extrayendo el líquido, la roca sin petróleo en su interior sucumbe a la presión y comienza a compactarse y comentarse. Obviamente esto es muy malo para el flujo del líquido negro, ya que los canales por los que fluye se van cerrando. Para evitar este problema, las compañías de extracción emplean diversas técnicas conocidas como “Técnicas de recuperación mejorada” permitiendo mantener valores elevados de extracción, al menos durante un tiempo. La más empleada se basa en abrir pozos auxiliares por los que se inyecta agua o gas a presión, permitiendo mantener la presión en el interior de la roca, al mismo tiempo que empuja al petróleo hacia los pozos de extracción. También se puede reventar la roca para favorecer el flujo de petróleo o perforar un nuevo pozo a una determinada distancia, pero dentro de la misma formación rocosa que alberga el yacimiento. Sea cual sea la técnica empleada, al final siempre queda parte de lo que se conoce como petróleo disperso, que nunca llegará a ver la luz por encontrarse muy diseminado. Intentar extraerlo tendría un gasto energético y económico tan grande, que no resultaría rentable. Por ello, en términos generales sólo podemos extraer un 35% del combustible presente en una formación de petróleo convencional. Además, esto nos permite entender por qué la extracción llega a un máximo y luego disminuye. A medida que un yacimiento envejece (se vuelve muy explotado) se necesita cada vez más esfuerzo para extraer el petróleo, por lo que el empresario debe decidir si resulta rentable seguir extrayendo, o abandonar el yacimiento.
Entre las empresas que se dedican a la extracción del petróleo, es muy común enfatizar sobre lo enormes que son las reservas mundiales de este combustible, pero ninguna te va a hablar sobre como la velocidad de extracción se reduce de forma ininterrumpida (debido a las limitaciones geológicas y físicas). Los expertos llevan décadas (desde los 50) tratando de explicar el problema de la extracción limitada, pero suele haber una gran confusión sobre lo que esto significa. Aunque la gente entiende el “agotamiento del petróleo” como que no va a quedar ni una gota de combustible (como si extraer petróleo fuera abrir un grifo) esta es una concepción errónea. El hecho es que la extracción de petróleo de un yacimiento muestra una curva que, tras alcanzar su máximo, desciende de forma paulatina. Es decir, el problema del “agotamiento del petróleo” no es que su producción se detenga de golpe, sino que, a partir de cierto momento, empiece a disminuir. La producción de petróleo convencional (el de toda la vida) alcanzó su pico en 2005-2006 según la Agencia Internacional de Energía (AEI), mientras que el pico de los crudos convencionales y no convencionales (líquidos de gas natural, biocombustibles, petróleo de aguas ultraprofundas, petróleos extrapesados de arenas bituminosas y el petróleo ligero proveniente del fracking) se alcanzó en 2018. Además, por mucho que los medios de comunicación promocionan estos crudos no convencionales como una panacea, lo cierto es que muchas de las funciones de la gasolina o el diésel, no pueden ser suplidos por ellos, como veremos en un próximo artículo, que para variar se basará en el mismo libro que este.
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