¿Qué quiere la izquierda (los progresistas)?
Artículo basado en el libro: "Política moral: Cómo piensan progresistas y conservadores" de George Lakoff.
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En otro artículo, que recomiendo leer de forma previa para comprender los marcos mentales, analizamos cómo la forma de pensar de los conservadores (o de la derecha) seguía la moral del Padre Estricto. Mediante esta moral, las diferentes posiciones en los debates político parecen aunarse dentro de un bloque ideológico que representa a los conservadores. Aunque existían muchas derechas (e izquierdas), la mayoría de ellas defienden en mayor o menor medida las posturas de la moral del Padre Estricto. Pero, ¿y la izquierda?; ¿existe una moral análoga que agrupe las ideas de los progresistas? Resulta que sí, la moral del progenitor atento, y en este artículo trataremos de analizarla.
Según este modelo, las familias pueden constar de uno o dos progenitores, y en caso de ser dos, ambos comparten las responsabilidades del hogar. En esta moral, los principales elementos experienciales se basan en dar y recibir atenciones para que los miembros de la familia sean tan felices como sea posible. Para un desarrollo óptimo de los niños, es necesario que estos establezcan relaciones positivas con sus semejantes, contribuyendo a la comunidad y persiguiendo la realización de su potencial. Los niños se convertirán en personas responsables, disciplinadas y autónomas, mediante la atención y el respeto, y no mediante el castigo como en el caso de la moral del padre estricto (propia de los conservadores). Es decir, la obediencia del niño nace del amor y el respeto y no del miedo al castigo. De esta forma, los niños serán capaces de cuestionar a los padres para aprender porque hacen lo que hacen, participando así, en la toma de decisiones importantes (aunque la decisión final recaiga sobre los progenitores). El mundo está plagado de males perjudiciales para los niños, y el deber de los progenitores atentos es dispensar la protección necesaria para enfrentar estos males. Mediante este proceso, los niños podrán desarrollar una vida plena y feliz, en la que también aprendan a dispensar atenciones a sus semejantes. Es importante que los infantes aprendan empatía, la capacidad de cuidar, de cooperar y mantener los vínculos sociales; para lo cual es necesaria la disciplina y la autonomía, nacidas de recibir y dar atenciones y del respeto mutuo con sus progenitores.


El modelo del Progenitor Atento no asume que el niño aprenda principalmente mediante castigos y recompensas (modelo del Padre Estricto), sino que aprende a través del apego, y una relación de seguridad y amor con sus progenitores. De esta forma, los niños aprenden a tratar a los demás y a sí mismos, como sus progenitores los trataron. Esto lo aprenden por imitación (de sus progenitores) y mediante el cumplimiento de las expectativas de los padres (siempre que sean realistas y exigentes) gracias a la relación de seguridad que mantienen con ellos. Es decir, los niños no actuarán por miedo al castigo ni por obediencia a la autoridad, sino por el deseo de demostrar sus capacidades y ganarse el respeto de sus progenitores. Este proceso facilitará que los niños aprendan a empatizar, a desarrollar vínculos, a hacerse socialmente responsables, a comunicarse mejor, a respetar a los demás y a ser justos. Si los niños son criados en base a las recompensas y los castigos (como una mascota), en un futuro reproducirá sistemas similares. La violencia genera violencia, y si un niño observa que el abuso, el castigo y la violencia son formas permisibles para imponer autoridad y exigir respeto, reproducirá esos comportamientos, construyendo una sociedad violenta. Del mismo modo, al negarle las atenciones necesarias para el desarrollo de una vida plena, el niño no se respetará y cuidará de sí mismo, ni respetará y cuidará a los demás. Debe resaltarse la cooperación frente a la competición, ya que una competición feroz, da lugar a conductas agresivas que se replicarán en la vida adulta, mientras que la cooperación ayuda a apreciar la interdependencia sin la cual no seríamos nada. Bien, una vez entendida superficialmente la moral del Progenitor Atento, observemos cómo ésta afecta al concebir la nación como una metáfora de la familia.
Como ya se mencionó en el otro artículo, nuestros sistemas conceptuales (marcos mentales) se rigen por la concepción metafórica de la nación como una familia. En el caso de la moral del Padre Estricto (conservadores), en EE.UU., se puede apreciar muy bien. Esta metáfora suele entender al Gobierno como la figura masculina de autoridad (el padre) como bien atestiguan los padres fundadores de Estados Unidos, el concepto de tío Sam, o que empleen el término “hijos de la patria” cuando envían a adolescentes imberbes a morir en una guerra. Tanto el término patriota como patria, provienen de la palabra en latín "pater" que significa padre. Estos no son más que algunos ejemplos que demuestran que existe una tendencia a considerar la nación como una familia, por muchas diferencias (en especial en el ámbito económico) que podamos observar entre ambas. En el caso de la izquierda que sigue el modelo del Progenitor Atento, al igual que éstos protegen a sus hijos, el gobierno debe proteger y ofrecer cuidados a sus ciudadanos, siguiendo los preceptos morales arriba mencionados. Pero, ¿qué posturas políticas agrupa este modelo?, ¿cómo se posiciona en base a las posiciones que defienden su pack ideológico? Veámoslo.


Para poder comprender cómo la moral del Progenitor Atento, en cuanto a metáfora de la nación como familia, afectan a las diferentes posturas políticas de la izquierda, iremos analizando cada una de estas posiciones dentro de los principales temas de debate político. En primer lugar, atendamos al ámbito económico. Para los progresistas, el gobierno es un progenitor atento y poderoso, responsable de que las necesidades básicas (alimento, ropa, educación, sanidad…) de los ciudadanos estén cubiertas. Por lo tanto, será considerado inmoral que el Gobierno deje que sus ciudadanos pasen hambre, frío, o no tengan la educación y atención sanitaria que deberían. De esta forma, las prestaciones sociales son vistas de forma positiva como método que emplea el Gobierno para atender a sus ciudadanos. Las ayudas sociales no son más que inversiones en ciudadanos actualmente improductivos (no pagan impuestos), para convertirlos en personas productivas. Por ello, las prestaciones sociales deben evaluarse en función de si generan un retorno de la inversión. La pregunta no es si deben o no existir las prestaciones sociales, sino cuáles de ellas producen dividendos a largo plazo para el Gobierno (familia). Además, mediante estas ayudas, el Gobierno consigue una inversión en la comunidad, ya que mediante la creación de empleo en las regiones pobres se incentiva el consumo y, por lo tanto, con más empleo y más consumo se beneficia a la economía en su totalidad. Es decir, la clave está en invertir en la comunidad y no en el individuo. De esta forma también se promueve la equidad, ya que existen grupos desfavorecidos (por razones históricas, sociales o de salud) que no han tenido la oportunidad de competir en equidad por su propio desarrollo. El racismo, el sexismo, la homofobia, la pobreza y la falta de educación, no son más que barreras que delimitan la búsqueda del interés propio, por no hablar de que merman la empatía y la atención a los demás. Para un progresista debe garantizarse una equidad en pro del desarrollo personal, asegurando la igualdad de condiciones para los desfavorecidos. De ahí nacería el apoyo a la discriminación positiva tan vilipendiado por los conservadores. Bajo el enfoque del modelo de Padre Estricto (y de la ética del cristianismo protestante), los ricos son considerados “mejores” ciudadanos en cuanto a que se han hecho ricos con autodisciplina impuesta y trabajo duro, y como se han ganado lo que tienen y merecen conservarlo, sus impuestos deberían ser inferiores. Bajo esta dudosa premisa los impuestos son conceptualizados como un perjuicio o un castigo, lo que convierte al Gobierno en una especie de ladrón. La izquierda entiende los impuestos de una forma bien distinta. Según el modelo del Progenitor Atento, el bienestar de cada uno de los ciudadanos (hijos) es igual de importante, y aquellos que disponen de buena salud y recursos, deberían invertirlos en los cuidados de los que más lo necesitan. Los “hermanos mayores” ya han recibido las atenciones que han necesitado, y ahora deben proporcionárselas a los demás. Se trata de un deber en la cuestión de contabilidad moral. En base a esta metáfora de la Nación como familia, los que más tienen deberían cuidar a los que tienen menos, haciendo que la fiscalidad progresiva sea una forma de cumplir este cometido. ¿No protegerías a tu hermano pequeño? Pues igual deberías hacer con los más desfavorecidos. Por esta razón, los ricos y sus innumerables artimañas para la elusión de impuestos deberían ser tildados de egoístas y malvados. La Nación ya ha mirado por ellos, y ahora debería de ser su turno para mirar por los demás.
También existe el enfoque en el que el Gobierno es considerado como una empresa y los impuestos son el pago por los servicios prestados. En esta metáfora es donde surge otra dicotomía entre ambos modelos, ya que ahora surge el debate sobre cómo y en qué emplear los impuestos recaudados. Aquí es donde surge una de las paradojas de muchos Gobiernos conservadores, en cuyo programa electoral existe el proyecto de reducir los gastos del Gobierno, pero sistemáticamente aumentan los gastos militares, ¿no es esto una contradicción? A mí personalmente me lo parece, pero al Gobierno de EE.UU., en el año 1995, parece que no tanto. En este año, la Cámara de Representantes realizó recortes en programas sociales por valor de miles de millones de dólares, a la vez que aumentaba en 7.000 millones el gasto militar, incluyendo un estúpido programa llamado Star Wars. Se redujo el gasto en el cuidado de las personas para aumentar el gasto en la muerte de otras personas, muy lógico todo. Aunque parezca estúpido, los conservadores no lo verían como tal, porque en su modelo del Padre Estricto, el deber del gobierno es, ante todo, proteger a la familia (los ciudadanos). Esta metáfora hace que la financiación del Ejército sea vista como algo moral, mientras que los programas sociales son inmorales. El ejército no es más que un gigantesco programa social con su propia sanidad, educación, pensiones, ayudas a la vivienda, descuentos, clubes de oficiales, campos de golf… todo ello pagado por el erario público. La ironía no es poca. Piensa cuántas veces el ejército ha contribuido positivamente a tu bienestar, y cuántas veces lo ha hecho el sistema sanitario o el educativo. ¿Quién debería recibir una mayor financiación?


En cuanto a la migración ilegal, la moral del Padre Estricto (conservadores) no considera que estos sean propiamente ciudadanos y, por ello, el Gobierno no debería encargarse de su alimentación ni de sus cuidados. Es como si una familia, más allá de dar alimento y cuidados a sus niños, también se lo proporcione a los niños del barrio que se cuelan en casa sin su permiso. Aquí nace el tan reiterado argumento de los conservadores de que deben ser los progresistas los que acojan en su propia casa a los refugiados de diferentes países. Sin embargo, para la moral del Progenitor Atento, todas las personas desvalidas y sin intenciones inmorales (importante detalle), son vistas como inocentes que necesitan atenciones. Según esta moral, los inmigrantes ilegales son considerados gente sin recursos en busca de una vida mejor, que usualmente son explotados por aquellos que les niegan su estatus de “persona” (conservadores) en post de su beneficio propio. Hasta el país más conservador tiene ciertas regulaciones y políticas sobre la inmigración, para que la fuente de mano de obra barata no interrumpa su flujo. Por ello, el estigma de ilegalidad debería recaer sobre los empleadores que delinquen. Por lo general, los inmigrantes ilegales realizan trabajos no cualificados y mal pagados que los propios ciudadanos no están dispuestos a aceptar (labores agrícolas, textiles, limpieza, cuidados…), pero que alguien debe de realizar. Esto convierte a estas personas en una parte necesaria para la economía, ya que entre otras muchas cosas, permiten a ambos progenitores de una familia trabajar, al encargarse de realizar las diversas tareas que ellos no desempeñan. Según la moral del Progenitor Atento (y de la metáfora de nación como familia), los inmigrantes deberían ser vistos como nuevos individuos que se han traído al hogar nacional y que contribuyen vitalmente a su funcionamiento, por lo que no les podemos echar a la calle, ya que sería algo inmoral (en el modelo del Progenitor Atento).
Uno de los temas más recurrentes que genera enormes divisiones entre los conservadores y los progresistas, son los crímenes violentos. Según la moral del Padre Estricto, la cura para la violencia es el castigo, ya que en base a este modelo, la desobediencia debe de ser castigada. De esta forma, este modelo asume la teoría conductista de la naturaleza humana (como si fuéramos los perros de Pávlov), defendiendo la eficacia del castigo para eliminar la violencia. Este modelo también afirma que las conductas violentas no son más que consecuencias de una actitud permisiva por parte de los padres. La atención de la madre, sin la disciplina impuesta por el padre, genera individuos violentos y antisociales, y el creciente aumento de los crímenes violentos es causado por la falta de una figura paterna en el hogar (toma triple desde el medio campo). En el modelo del Progenitor Atento existe un enfoque contrario, los niños socializan mejor y aprenden a ser responsables a través de una crianza atenta, en la que la responsabilidad venga por una serie de interacciones respetuosas y no de dominación. El castigo enseña violencia (por imitación) y la violencia engendra más violencia. Un niño sometido a la voluntad paterna, solo aprenderá a relacionarse con los demás por sometimiento. Esto queda demostrado al observar los recurrentes casos de progenitores que al sufrir maltrato en su infancia, cometen estos mismo actos con su descendencia. Mientras que los conservadores argumentan que la delincuencia es fruto de la desobediencia y la falta de disciplina, los progresistas defienden que sus orígenes residen en los problemas sociales (pobreza, desempleo, falta de atenciones o de sentido comunitario…). Los orígenes reales no están del todo claros, pero una cosa si ha quedado repetidamente demostrada, aumentar la población carcelaria no disminuye la delincuencia. Sí los contextos sociales y económicos son los responsables de la delincuencia, es necesario que las fuerzas sociales tomen las medidas necesarias para contrarrestarla. En cuanto a la pena de muerte, también genera una línea divisoria entre los conservadores (a favor) y los progresistas (en contra). Estos últimos, en base al modelo del Progenitor Atento, muestran la vida como el concepto de mayor relevancia, como la pena de muerte niega la vida, los progresistas niegan la pena de muerte. Además, según este modelo, la justicia debe impartirse de forma equitativa y justa, y por mucho que duela, los prejuicios y la política participan en cualquier juicio. Si una persona condenada a muerte resulta ser inocente, no se puede resarcir al condenado si resulta ser inocente. Los corredores de la muerte de EE.UU. están habitados mayoritariamente por gente negra sin recursos económicos para costearse una representación legal adecuada, aumentando de esta forma sus posibilidades de acabar condenados. Todas las clases sociales y grupos étnicos deberían recibir las mismas penas, y si esto no puede aplicarse en la condena de muerte, la pena capital no debería aplicarse en ningún caso. En el modelo del Padre Estricto, fundamentado en una moral del castigo-recompensa, la única forma de lidiar con el crimen es el castigo, y cuanto más violento el delito, más violenta la pena. Con el ojo por ojo, todos acabaremos ciegos.


Como ya se ha mencionado, una de las características del modelo del Progenitor Atento recae en la atención y cuidados de los hijos en la familia, y de los ciudadanos en la Nación. Por ello, según este modelo, el Gobierno deberá proteger a sus ciudadanos, no solo de otros ciudadanos, sino también de los peligros del día a día, ante los cuales no pueden protegerse. Los progresistas ven la formulación de leyes y reglamentos aprobados en el Parlamento como medidas para aplicar esta protección. De esta forma, muchas de las actuaciones relacionadas con empresas que solo buscan la maximización de sus intereses, pueden resultar perjudiciales para los ciudadanos, en cuanto a contaminación, fabricación de productos peligrosos o engaños a los consumidores. En definitiva, el fin de las leyes debería ser minimizar estos actos peligrosos. Por otro lado, los conservadores no conceptualizan las leyes de este modo. ¿Protección frente a qué? se pregunta la derecha.
Las leyes son concebidas por los conservadores como medio para que las personas disciplinadas sean capaces de perseguir sus propios intereses de una forma autónoma. Por ello, defienden que las leyes relacionadas con la seguridad laboral, el medioambiente o el consumo, no son más que engorrosos impedimentos para el emprendimiento. Ante esta postura, los progresistas se quedan atónitos, ¿no tiene la gente derecho a un agua y un aire limpios, a productos o empleos seguros?, ¿No deberíamos cuidar el medio ambiente que legaremos a nuestros hijos y a nuestros nietos? Estas dudas nunca alcanzan las mentes de los conservadores, ya que en base a la moral del Padre Estricto, los empresarios (por muy contaminadores y explotadores que sean) son ciudadanos ideales; mientras que las leyes, no son más que trabas para sus negocios. Todo esto debido a la concepción moral Recompensa-Castigo del modelo del Padre Estricto. Imponer limitaciones a esta moral es como herir de muerte la ética y el estilo de vida conservador. Además, el modelo conservador está basado en el orden natural de dominación, donde los seres humanos dominan la naturaleza, y por ende, esta última solo sirve para proporcionar una serie de recursos al hombre que le permitan alcanzar su interés propio. Por ello, no debería intentarse de manera general y vertical lo que ocurre en los ecosistemas, sino que la relación con la naturaleza debería regirse por los principios de libre mercado. Es esta concepción de la naturaleza como fuente de recursos la que hace que los conservadores la traten en términos económicos. Su valor no sería intrínseco, sino que vendría determinado por cuán útil resulta al ser humano. De esta forma, un salmón solo es un tipo de pez que sirve de alimento, y su extinción, no resultaría un problema, ya que existen otros peces que sirven de alimento. Muy buena compresión del funcionamiento de un ecosistema, se nota que hay muchos ecólogos entre los conservadores (nótese la ironía). En base a este modelo, la naturaleza, antes de su conquista es peligrosa, y el hombre debe dominarla para sobrevivir. La dominación continuada y expansiva de la naturaleza se convierte en una forma de defensa propia y una empresa moral. La dominación de la naturaleza es una empresa noble y rentable. De este modo, se prostituye el papel que juega la ciencia en la sociedad, ya que ésta solo debe dedicarse a descubrir los entresijos de la naturaleza para controlarla y sacar provecho de ella.
En el modelo del Progenitor Atento, la naturaleza hace posible todas las formas de vida (incluido el ser humano) y las condiciones que las sostienen. Siguiendo el modelo de atención y cuidados, nuestra relación con la naturaleza implica apego, gratitud, responsabilidad y respeto. La relación con la naturaleza concebida como Madre que prodiga atenciones y sustento, presenta un valor inherente e inmutable que no puede comprarse ni venderse. Esta relación entre naturaleza y ser humano debe de ser (y es) de interdependencia y reciprocidad. Aunque empleemos la naturaleza como un recurso, nunca debemos olvidar que estos recursos son finitos, y sin una explotación regulada, los recursos proporcionados irán disminuyendo hasta desaparecer (hace tiempo que el salmón estaría extinto sin la regulación de la pesca). De esta forma, el modelo del Progenitor Atento incluye el concepto de sostenibilidad como un pilar que regula nuestras relaciones con el entorno. Aunque empleemos la naturaleza como un recurso, este debe de ser un recurso sostenible. Bajo el prisma del Progenitor Atento, la atención es un pilar de la moralidad, y por ello la investigación y el descubrimiento están al servicio de esas atenciones. Los descubrimientos científicos muestran un valor per se, no como objetos a los que se les pueda aplicar una lógica de mercado. Todo esto genera que progresistas y conservadores presenten muchas discrepancias en cuanto a las políticas ambientales y científicas. Solo hay que pensar en cualquier agencia medioambiental, que actúa bajo el modelo del Progenitor Atento. No sólo se encarga de proteger al ser humano de los peligros inherentes a la naturaleza, sino que también regula las acciones humanas contra ella, en una relación de beneficio bilateral similar a una simbiosis.


En cuanto a la discriminación positiva, para la moral conservadora es algo intolerable. Como esta moral se sustenta en la libre competencia entre individuos, sólo los más disciplinados deberían recibir beneficios del sistema. Las políticas que entregan a las personas cosas que no se han ganado son consideradas inmorales. Como las políticas de discriminación ofrecen recompensas a las mujeres o las minorías étnicas por el mero hecho de serlo, no se merecen estas compensaciones. En el modelo del Progenitor Atento, la respuestas es la contraria. Es deber de los progenitores garantizar que sus hijos se traten correctamente entre ellos. En la metáfora de nación como familia, es responsabilidad del Gobierno que los individuos se traten de forma justa, en especial aquellos que han sufrido (y sufren) discriminación. Si hubo inequidad en el pasado, igual es necesaria una cierta inequidad que compense las anteriores. Además, el modelo del Progenitor Atento, con un espíritu centrado más en lo colectivo, considera a los grupos y no a los individuos. Por lo tanto, no es el trato que una mujer de forma individual recibe lo que importa, sino cómo ha sido tratada la comunidad femenina en el pasado, y cómo es tratada en el presente.
Otro tema de debate, aunque gracias a Dios ya no tanto, es el de los derechos de los homosexuales. La moral del Progenitor Atento defiende estos derechos y la razón es sencilla; bajo este modelo todos los ciudadanos deben de ser tratados equitativamente, sean homosexuales o no, punto. ¿Por qué los conservadores (cada vez menos) están en contra de estos derechos? La respuesta se halla en el modelo del Padre Estricto. Las parejas homosexuales simplemente no encajan en este modelo de familia. Desafían la autoridad monolítica del padre pero, sobre todo, desafían el orden natural que presupone que el sexo debe ser heterosexual y las mujeres deben de ser dominadas por los hombres. Con un simple vistazo al mundo animal, se darían cuenta de que lo que dicen, de “orden natural” no tiene nada. Los homosexuales dicen que “descubren” su condición no que la “eligen”, pero los conservadores hablan de un “estilo de vida” homosexual, como si fuese una decisión que se toma. Si tuviesen que afirmar que no se puede elegir ser homosexual, se desinfla su idea de que se trata de algo inmoral.
Por último, atenderemos a otro de los temas más candentes en la actualidad; el aborto, y para comprender con precisión esta discusión, conceptualicemos algunos términos. “Embrión” y “feto” son dos términos médicos. El embrión es el resultado de la concepción, pero no es más que un mero conglomerado celular. Sin embargo, no es reconocible como miembro de una especie (literalmente ya que es muy difícil diferenciar un embrión humano del de un perro por ejemplo). El feto, está en una etapa de desarrollo posterior, pero todavía no ha nacido. No existe un momento objetivamente exacto en el que un conglomerado de células se convierte en embrión, ni un embrión en un feto. Por ejemplo, con la pastilla del día después se desprende un óvulo fecundado y nadie consideraría tomarla como un aborto. El embrión podría decirse que se convierte en feto (forma reconocible de la especie humana) en un momento entre la octava y la duodécima semana, y no puede sobrevivir separadamente del cuerpo de la madre hasta varias semanas después. El aborto es una práctica médica realizada sobre un embrión en el periodo mencionado, en el que se extraen del útero un conglomerado de células vivas organizadas, que deja de existir fuera del útero. Un bebé (término empleado tras el nacimiento), es un ser vivo que existe de manera independiente a la madre. El aborto suele ser una práctica realizada en un embrión temprano, mucho antes de que sea viable fuera del útero (el primer trimestre). De esta forma, los que defienden el aborto afirman que no es inmoral extraer de la madre un grupo de células que no son un ser humano independiente, viable o reconocible. Los antiabortistas hablan (erróneamente) en términos de bebé para referirse a este conglomerado de células, y desplazar así el debate del ámbito médico, al ámbito moral, ya que un bebé es un ser humano independiente. ¿Es un aborto en primer trimestre un mero procedimiento quirúrgico moralmente neutro e incluso moral (si es beneficioso para la madre)? ¿O es el aborto un asesinato de un bebé? La respuesta depende en gran medida de la palabra que empleemos, “embrión” o “bebé”. Ambos están de acuerdo en que existe un modo correcto de conceptualizar el aborto, pero discrepan en cual es la conceptualización correcta. Mientras que los conservadores visulizan el aborto como un infanticidio, los progresistas lo ven como un procedimiento médico. ¿No resulta incongruente que los conservadores conden el aborto, mientras que avalan la pena de muerte o no apoyan las medidas gubernamentales para la reducción de la mortalidad infantil? Para los progresistas esto resulta completamente incoherente. Para la izquierda es ilógico e inmoral que los conservadores quieran salvar la vida de un niño que todavía no ha nacido cuya madre no lo quiere tener, pero no quieran salvar la vida de un niño nacido cuya madre sí lo desea. El aborto suele realizarse (mayoritariamente) o en adolescentes que han mantenido relaciones sexuales sin protección y fuera del matrimonio, o en el caso de mujeres que quieren desarrollar su carrera profesional en el momento de quedar embarazadas, por lo que un embarazo resulta un impedimento para lograr sus objetivos. En el primer caso, según la moral del Progenitor Atento, la chica adolescente tiene “un problema”, necesita ayuda y merece la empatía de los demás. Estas adolescentes no están preparadas (o no se sienten) para ser madres y tienen toda la vida para serlo. Por ello deberían poder abortar si es lo que quieren, no hay nada de malo en ello, ni mucho menos se considera un acto inmoral. Algo muy similar ocurriría en el segundo caso, donde la mujer quiere desarrollar su carrera profesional. De esta forma, las visiones tan contradictorias de ambas posturas en torno al aborto, se justifican en base al modelo que rige la moral de cada uno; el modelo del Padre estricto para los conservadores, y el modelo del Progenitor Atento para los progresistas.
Este es, a grandes rasgos, el modelo (o marco mental) con el que funciona la mente de los progresistas, la moral del Progenitor Atento. Aunque parezca que las ideas conservadoras (derecha) y progresistas (izquierda) sean totalmente incompatibles, como si cada una tuviese una perspectiva opuesta de todos y cada uno de los debates sociales, lo que en realidad ocurre es cada una de las vertientes sustenta sus principios en base a morales diferentes: la del Padre Estricto y la del Progenitor Atento.
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