¿Y si la obesidad no fuera solo cuestión de comer y hacer ejercicio?
Artículo basado en el libro: "El ladrón de cerebros: Compartiendo el conocimiento científico de las mentes más brillantes" de Pere Estupinyà.
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Todos sabemos que una mala alimentación o una vida sedentaria son factores de riesgo para la obesidad, incluso la falta de sueño o de un descanso óptimo puede facilitar la aparición de esta enfermedad. También sabemos que los factores genéticos y hormonales tienen una influencia marcada; pero estos son factores que no están a nuestro alcance en la misma medida que los mencionados previamente. Pero, ¿qué hay de los factores de riesgo no tradicionales?
El primero de los factores a analizar es uno que seguramente sea conocido por la mayoría de lectores, hablamos del estrés. Puede existir la creencia de que al sentirse estresado, el metabolismo de nuestro cuerpo se ve acelerado, y con menos horas de sueño y más horas de actividad, deberían generar una pérdida de peso no una ganancia. Aunque esto no sea mentira, lo más frecuente es que personas estresadas ganen peso, ¿Cómo es posible que ocurran las dos cosas? Pues la razón tiene, en cierta medida, relación con el género. A pesar de lo mencionado, cuando estás estresado sueles comer más entre horas y tienes más apetencia por el dulce y la grasa, pero más allá del comportamiento, lo cierto es que también afecta a nivel hormonal. En un estado de estrés, se produce más insulina, y más cortisol (la hormona del estrés), la cual, cuando es liberada en exceso en periodos largos (estrés crónico), estimula la acumulación de grasa visceral o abdominal, efecto que realiza de forma más acentuada en las mujeres.
Pasando a factores más desconocidos por el público general, podemos encontrar los virus, ¿un virus que te hace engordar? Efectivamente. A pesar de existir varios candidatos, el más prometedor es el adenovirus AD-36. El descubridor del efecto se percató por casualidad de que los pollos infectados con él tendían a ser más gordos que los que no estaban infectados (un buen virus para KFC), por ello, infectó a ratones y a monos para analizar su efecto en mamíferos y otros modelos experimentales más semejantes al humano. Efectivamente, estos animales aumentaron su nivel de grasa corporal. Después, analizó una muestra de individuos que verificó su hipótesis, ya que observó que el virus estaba presente en un 30% de las personas obesas, mientras que entre las no obesas su presencia era del 5%. Aunque no esté completamente demostrado, investigaciones posteriores mostraron que adipocitos (células que acumulan grasa) infectados con el virus, se reproducían más, acumulando mayor cantidad de grasa.


Factores que contribuyen a la obesidad (Fuente: Dina et al. (2026). Genetic and nutrient interactions in the escalating global burden of obesity and metabolic disorders: A comprehensive review. Bulletin of the National Research Centre, 50, 17.
El próximo factor se trata de una hipótesis que, a pesar de mostrar ciertas evidencias, no ha sido demostrado ni se ha explicado su mecanismo causal. La hipótesis se basa en que ciertas sustancias químicas denominadas obesógenos podrían regular la expresión génica durante el desarrollo embrionario y dejar marcas epigenéticas (marcas que influyen en la expresión de los genes sin alterar su secuencia) que originan un mayor peso en estado adulto. El término "obesógeno", fue acuñado por un investigador que estudiaba los efectos del tributilo, compuesto empleado para pinturas de barcos, sobre la fauna marina. Observó que este compuesto incrementaba el número de adipocitos y, al comprobarlo en el laboratorio, verificó que provocaba obesidad. Otro de los compuestos candidatos a obesógeno, es el dietilestilbestrol (DES), que es un estrógeno que se suministró a millones de madres embarazadas, hasta que se demostró que aumentaba la probabilidad de que sus hijas desarrollaran cáncer vaginal. Algunos investigadores se percataron de que las hijas de las madres que habían tomado DES parecían sufrir más obesidad. Esto no se ha podido verificar mediante estudios clínicos, pero en ratas de laboratorio, los efectos son claros: si suministras DES a una rata embarazada, las ratas hijas serán obesas, ni por la dieta ni por el ejercicio, sencillamente porque ha cambiado la expresión genética de varios de sus genes. Sin embargo, otros factores extrínsecos como la dieta o el ejercicio físico pueden, en cierta medida, revertir estos efectos.
Por último, entre estos atípicos factores de riesgo para la obesidad, podemos encontrar la importancia de la microbiota intestinal o flora intestinal. Esto representa los millones de microorganismos que habitan nuestro intestino, y que nos permiten hacer la digestión ya que, de lo contrario, no podríamos digerir una gran cantidad de alimentos. Estudios tanto en ratones como en humanos han demostrado que una reducida diversidad en cuanto a las bacterias presentes en la flora, está asociado con la obesidad. Además esto está directamente relacionado con la dieta, ya que una dieta rica en fibra y nutrientes, estimula la proliferación de una microbiota diversa, mientras que una rica en azúcares y grasas, estimula poca diversidad (estimulando la obesidad), observando una retroalimentación positiva entre los factores de riesgo "mala dieta" y "microbiota poco diversa". Además, otros estudios que verifican la importancia de la microbiota se centran en los trasplantes de microbiota fecal. En estos ensayos al traspasar la microbiota de una persona con peso normal a una persona obesa, se observó que las personas obesas mostraron cambios en su peso y en su composición corporal. Pero estas cuestiones las dejaremos para otro artículo y, por lo tanto, para otro libro.
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